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Conociendo la arqueología mexicana Imprimir Enviar esta página a un amigo
Autor: Natalí Ramírez   

Durante las vacaciones de verano, casi sin pensarlo dos veces, decidí realizar un viaje de 9 días a México. Fue así que busqué información en Internet respecto a los sitios que podría visitar y armé un pequeño tour, el cual resultó tan apretado que casi no me daba tiempo ni para comer. La meta era visitar todos los sitios arqueológicos posibles y, rememorando ahora, creo que lo logré.

Lamentablemente, mi viaje coincidió en parte con la Semana Santa, lo que trajo como consecuencia el que muchas de las calles, hoteles y restaurantes estuvieran abarrotados de turistas, quienes aprovechaban las vacaciones brindadas por el Gobierno mexicano.

A pesar de ese pequeño inconveniente, el viaje siguió sin problemas. Mi primera parada fue en Mérida, Yucatán. Ahí conocí dos lugares increíbles; Uxmal y Kabah. La inmensidad de Uxmal y la gran pirámide del adivino es lo primero que llama la atención del visitante. La arquitectura Puuc de Uxmal y Kabah con sus estructuras conformadas por bloques cuadrados de piedra, sus frisos de increíble belleza y las representaciones del dios Chaac, resultan un espectáculo imposible de igualar, excepto quizá por otras estructuras también de filiación Maya.

Al día siguiente, me esperaba el punto de visita de rigor, Chichen Itzá, la “Nueva Maravilla del Mundo”. Chichen Itzá, la serpiente emplumada, está usualmente representada por la pirámide de Kukulkán; sin embargo, el complejo comprende mucho más. Resultan imprescindibles las visitas al templo de las mil columnas, el área del juego de la pelota, el cenote, el observatorio, entre otros. Basta con ver Chichen Itzá, como para que empiecen a surgir miles interrogantes en la cabeza de cada persona respecto a cómo y por qué se construyeron tales imponentes estructuras.

 

Previa pasada por Cancún, me instalé en la ciudad de Puebla, en el estado del mismo nombre. En Puebla se observa un conjunto hermoso de edificios coloniales que gracias al turismo han sido conservados en su estado original. En la ciudad se sigue manteniendo la producción de Talavera, la cual se remonta a épocas coloniales. Ésta es en apariencia similar a la cerámica, pero evidentemente si es mirada con detenimiento se puede apreciar una finura excepcional.

Posteriormente,  me dirigí a Cholula, donde tuve oportunidad de conocer el sitio arqueológico homónimo. Éste se veía compuesto principalmente por la gran pirámide de Tlachihualtepetl, la cual resalta por su tamaño inmenso logrado en 7 fases constructivas en las que se iba ampliando cada vez más, hasta ser la pirámide más grande del mundo. Lahistoria de la ocupación de este magnífico lugar está correctamente esquematizada en el museo de sitio, el cual a pesar de localizarse en lo más recóndito del pueblo, ofrece al visitante un servicio y una calidad visual excelente.

Al día siguiente, me encontraba ya en la capital mexicana. Una parada imperdible resultó ser el Museo Nacional de Antropología. Hasta el día de hoy, puedo decir que es el museo más grande al que haya asistido y probablemente, el más completo de todos. La exposición permanente muestra el desarrollo cultural de todas las regiones mexicanas desde los tiempos más remotos hasta los actuales. Haber podido recorrer todo el museo en un día me parece aún una proeza; no obstante, si hubiera tenido un día más para visitarlo tal vez habría sido mucho mejor.

Ya muy cerca del momento del retorno a Lima, realicé mis últimas visitas arqueológicas que incluían los sitios de Tlatelolco, Teotihuacan y el famoso Templo Mayor. Tlatelolco ubicado en la Plaza de las 3 Culturas, se encuentra en cierta forma oculto y opacado por las construcciones adyacentes que pertenecen tanto a tiempos de la colonia como a la era moderna. Teotihuacan al momento de mi visita se encontraba repleto de mexicanos y extranjeros, quienes por ser equinoccio de primavera perseguían las vibras cósmicas del sol portando vestimentas enteramente blancas. Este espectáculo no hizo mella en el valor de Teotihuacan en sí mismo. No apreciar las pirámides del sol y de la luna, la calzada de los muertos y el palacio de Quetzalpapálotl fue verdaderamente imposible. Por último, tuve oportunidad de conocer el Templo Mayor y su museo de sitio. Ahí pude aprender acerca de las 7 fases constructivas el templo, de las cuales ya casi no resta mucho, ni que decir de la grandiosa Tenochtitlan, la cual presidía. Aún así no es necesario tener el sitio 100% restaurado para comprender la magnificencia que tuvo la capital Azteca.

Puedo decir que los 9 días de mi visita fueron enteramente provechosos. La imagen mental que antes tenía de los sitios, pues solo los conocía por libros y TV, no se compara a la que tengo ahora. Ahora creo tener una visión más completa que estoy segura me acompañará a lo largo de toda mi carrera.

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