Este es el principio de una expedición que busca conocer a los Chachapoyas o Sachapuyos (vocablo que proviene de la lengua nativa y que signiï¬ca “bosque de las nubes”), una de las culturas más fascinantes que se desarrollaron en Sudamérica, una cultura que fue capaz de plantarle cara y de mantener en jaque a uno de los imperios más extensos y poderosos que han existido: el Inca.
Una vez en Chachapoyas (2440 msnm) la forma más económica de ir es cogiendo una combi hasta la comunidad de Tingo, de donde se tiene que subir andando por un terreno muy empinado durante unas 4 horas. El ascenso a pie partiendo de Tingo es muy aconsejable, si bien se requiere un poco de sacriï¬cio, ya que la capacidad pulmonar no es la misma estando a casi 3000 metros de altura, el esfuerzo sinceramente vale la pena; el paisaje es sencillamente espectacular, no sólo por la majestuosidad del valle de Uctubamba y la impresionante vista del río del mismo nombre, sino por las quebradas, montañas, la densa vegetación que hay la mayor parte del año, flores de muchos colores, frondosos árboles, orquídeas gigantes y también abundantes aves; insectos y animales silvestres son aspectos que inundan la vista y el espíritu del viajero.
Kuelap: ayer, hoy y siempre
El recinto arqueológico tiene aproximadamente unas 450 hectáreas y por algunas zonas se llega a alcanzar lo 3000 msnm.
Está constituido por una serie de muros periféricos, existiendo uno principal que rodea lo que vendría a ser el casco urbano, que está compuesto por calles, centros de cultivo, terrazas, construcciones para almacenar alimento y casas.
La mayoría de las construcciones son pequeñas, chozas circulares con decoraciones en honor a sus dioses principales la serpiente y el puma, representados mediante líneas y robos respectivamente.
Sin duda, el aspecto más espectacular de la Fortaleza es su muro exterior y sus accesos. En algunas partes el muro llega a alcanzar los 20 metros de altura, teniendo sólo tres entradas, las cuales son pasadizos muy angostos por los cuales sube una escalera, en donde solamente pueden entrar las personas de uno en uno. Por esta razón es que se trataba de una Fortaleza prácticamente inaccesible para una invasión, ya que al no haber armas de largo alcance, las luchas eran cuerpo a cuerpo y los invasores eran fácilmente emboscados en las puertas.
Además, no solamente la construcción es lo importante, la ubicación es excepcional. Se encuentra en la cima de una montaña desde donde se divisa casi todo el valle del Uctubamba. La vista una vez que se llega a la torre noroeste, que es la más alejada, es sobrecogedora. Es común que muchos días baje una niebla espesa sobre el complejo, lo que le hace un cuadro mucho más impactante. Cabe destacar el aspecto de selección que tuvieron que hacer los primeros arquitectos, ya que se trata de una posición totalmente estratégica. Existe una cantera de pizarra muy cerca de la Fortaleza, por lo que el transporte de la materia prima no suponía tanto esfuerzo y además es una zona rica en recursos, lo cual es un factor fundamental en la política de auto subsistencia de los preincas.
Existen diferentes opiniones sobre cuándo comenzó a construirse la Fortaleza y sobre sus periodos de evolución, pero la teoría más aceptada es la que marca tres grandes fases de evolución de la cultura Chachapoyas que se ven reflejadas en las distintas zonas, la manera de construir y los retoques que se aprecian en las construcciones.
Una fase de crecimiento, un apogeo y la fase de declive. El primer período abarca desde el año 400, donde se comienza la construcción de Kuelap, hasta aproximadamente el 900. Este es un periodo donde la cultura recién se va desarrollando, podemos apreciar que de este periodo son las construcciones más rústicas y las que se encuentran en la zona interior del complejo. Aunque también se trata de las construcciones que tenían el carácter más sagrado para los Chachapoyas, donde realizaban sus rituales, sus pagos a los dioses y sus curaciones.
El segundo periodo comienza en el año 900 y se extiende hasta el 1400 aproximadamente. Este es el periodo de máximo esplendor de la cultura. Se perfeccionan ciertas artes como la alfarería y los textiles: Los sistemas de construcción también mejoran considerablemente, los ornamentos y los retoques adquieren un nivel muy alto y es en esta época donde se construyen la mayor cantidad de ediï¬caciones y también las más espectaculares.
Los Chachas (nombre que agrupa a las diferentes tribus de esta zona), fueron conquistados por el Inca Túpac Yupanqui alrededor del 1470, pero no así los Chachapoyas quienes opusieron una resistencia voraz desde Kuelap.
Dada las características del lugar, los Incas tuvieron que luchar durante mucho tiempo para conseguir doblegarlos. Y es que recién en la época ï¬nal del Imperio, durante el mandato de Huayna Cápac se logró someterlos, aunque nunca llegaron a ser integrados del todo en el Tahuantinsuyo.
Con la llegada de los Incas se produjeron cambios en los cultivos, el quechua pasó a ser el dialecto predominante y también se dieron cambios en las construcciones. Prueba de ello es el muro más exterior de la Fortaleza que se encuentra semidestruido y que nunca fue acabado, el cual muestra claramente las características de la arquitectura incaica.
Es en esta época donde podemos situar la etapa de declive de los Chachapoyas, que si bien tuvieron un atisbo de resurgimiento con la llegada de los españoles, estos rápidamente apagaron esas esperanzas. Cuando los españoles llegan en el año 1550, los Chachapoyas, impulsados por el resentimiento hacía los incas, deciden formar ï¬las en el ejercito ibérico, siendo uno de sus principales refuerzos.
Una vez doblegados los incas y tras la muerte de Atahualpa (último Inca legítimo), los Chachapoyas supusieron que tendrían un trato especial por la ayuda prestada, pero los españoles tenían otros planes. Se instauraron el mismo tipo de tributos y la explotación fue similar a la del resto del territorio por lo que los Chachapoyas intentaron sublevarse, siendo esta rebelión inmediatamente aplacada.
Pizarro en represalia a la insolencia de sus antiguos aliados manda a incendiar y destruir las ciudades tradicionales de esta zona, entre ellas Kuelap, la cual fue olvidada durante casi de 300 años. Hasta que en el año 1843, al realizar una diligencia el juez Juan Nieto llegó a la ciudadela guiado por unos lugareños que la conocían desde siempre.
El tiempo necesario para recorrer todo el complejo arqueológico, puede variar dependiendo de la curiosidad del viajero. En unas 5 horas se pueden recorre tranquilamente los principales recintos. Hay que ahorrar fuerzas para el retorno, ya que si bien es bajada, el camino es tan empinado que la presión que se ejerce sobre los gemelos y los tobillos es muy fuerte y puede ocasionar caídas, las cuales teniendo muy mala suerte pueden llegar a ser mortales. Muchas veces se transita al lado de acantilados de mas de 300 metros. Una vez que se llega a Tingo es “obligatorio” que el visitante pruebe la cecina, el tacacho y los juanes, que son los platos típicos de esta zona y un manjar para el paladar más exigente.
Aquí llega el ï¬nal de un viaje que siempre será inolvidable. Basta con hacer pequeños viajes a la sierra peruana para darse cuenta del enorme potencial turístico con el que cuenta este país. Sólo falta la voluntad de todos para derivar hacia el norte del Perú parte del turismo que llega al país. Hasta ese momento el espíritu Chachapoya seguirá esperando en lo alto de las montañas ser descubierto.




Comentarios
Un poco tarde ¿no?
¿Qué pasó Diego? Muy tarde.
Kuelap
Muy bien, Diego, te felicito por que a la vez que conoces el perú, nos educas de buen manera y con palabras sencillas. Te cuento, yo he visitado las ruinas, tres veces, hace ya algunos años,y si pudiera ahora nuevamente irÃa. Un abrazo.
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