Las venas abiertas (negras) de América Latina (y África)

Pero, ¿quién era ese Lokua Kanza? ¿Cómo se podía definir un género que provenía de un sitio tan lejano? El imaginario errado te lleva a la incomprensión y a suponer que si es africana la música, pues la percusión es la emperadora, y lo tribal es el motivo. ¿Cómo saber? Acostumbrados a ser bombardeados con música de verdaderas masas, cómo discernir algo realmente nuevo, virgen para los oídos.

Nunca fue más oportuno y acertado el título del libro del uruguayo Galeano para enmarcar la noche del 29 de Agosto (un día antes del de Isabel Flores) en el Vértice (y ángulo) del Museo de la Nación. La entrada me llegó de refilón, como quien no quiere la cosa. Digamos que fue un pase de cortesía que me embarcó hasta la segunda zona, rozando lo VIP, en las graderías de ese antro en San Borja. Los afiches anunciaban dos rostros de sangre negra y vibrantes cuerpos: la embajadora cultural (como la denominan), Susana Baca, y Lokua Kanza, proveniente de latitudes africanas. Más exactamente, del Congo, ese país que ya suena a fábula. Iba a ser un concierto de reencuentro con las raíces negras, ambos personajes ya se habían encontrado con anterioridad en alguna presentación fuera del Perú. Nosotros –los espectadores- íbamos a contemplar ese deja vú musical.

Momentos antes de enrumbar hacia el museo de la Nación, me topé con un extraño personaje que pensé ya no iba a volver a ver. De germana ascendencia, Markus es un teólogo progresista que trabaja en un barrio nuevo en Villa Maria del Triunfo (donde colaboramos haciendo encuestas), y que acostumbra llevar pantalones de cuero negro. Reparado de la sorpresa, me sorprendió que esté buscando entradas para el mismo concierto. Cuando me inquirió acerca de Susana Baca, no supe que responderle. Dentro de todas las melodías y referencias que tengo en mi cabeza de la poca música que cultivo, la cantante de música peruana (no criolla) no ocupa grandes parcelas de mi memoria. ¿Cómo iba a recordar alguna canción o al menos una melodía, un tarareo? Atiné a decirle que era una muy laureada cantante en el exterior y que su temática era el Perú negro y andino. No se si me creyó. No se lo pregunté. Lo realmente curioso fue su respuesta, me dijo que no le interesaba mucho, que él iba por Lokua Kanza. Resulta que en su estancia en Camerún de mi amigo alemán, ya lo había conocido. Y en su mp3 siete canciones eran de Lokua Kanza. Me lo prestó y en el concierto se lo devolví.

Durante el trayecto, acompañado de una francesa amiga (ella compartía mi ignorancia acerca de Lokua) escuché y repasé esas canciones de ida y de vuelta, con títulos estrambóticos e irreproducibles pero de una sutileza que sorprende y demuestra que encima de ese colchón de percusión que le adjudicamos a la música africana se despliega una sinfonía seductora.

Como no puedo narrar un concierto, y lo multimedia supera estas letras, termino expresando esa sensación que uno tiene al escuchar esa música –viva- y no poder evitar que los pies tamborileen y marquen el ritmo en el suelo, con el cajón. Con la conga. Con un violín. O una viola. Pero con el alma negra.

 

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