Algunas personas toman a la fotografía como un arte, otros, como un medio de retratar la “realidad” y otros más (este es un grupo cada vez mayor por la proliferación de la fotografía digital), como un hobbie; sin embargo, existe un grupo que toma este arte-hobbie, como su oficio y profesión. ¿Será posible vivir de la fotografía, en un país como Perú? Desde sus inicios, los fotógrafos han sido vistos como personajes fuera de los común, como aquellos sujetos bohemios y sensibles que puede ver más allá ‘de lo evidente’, ver lo que otras personas no ven (algo así como León Oh viendo a través de su espada del Augurio). Se dice también de este tipo de personajes, que no está interesado en ganar dinero, más bien en vivir del arte y sufrir – las consecuencias – de su elección. Quizá por esta especie de romanticismo que circunda sobre cada fotógrafo, muchos de aquellos que en algún momento han pensado tomar a la fotografía como carrera de vida, se han visto desilusionados o, simplemente, el temor al fracaso (económico, profesional, social y general) les ganó la batalla. Johann Carpio, fotógrafo profesional y alumno de los últimos ciclos de Periodismo en la PUCP, nos comenta que el hecho de ganar dinero de la fotografía “depende”. El agrega que sí se puede vivir bien dedicándose a la fotografía, pero esto depende de cómo lo hagas “por ejemplo, en la publicidad no existen los fotógrafos fijos, todos son freelance (fotógrafos independientes) pero ahí está el dinero.” Su punto de vista es la de un fotógrafo independiente abriéndose paso cada vez más en este contexto peruano. En ese sentido él también afirma que como fotógrafo uno también podría trabajar para revistas o medio extranjeros y hacer reportajes de documentación social, “porque los medios nacionales no pagan por eso, con las justas tienen para pagar a sus fotógrafos de plana”. Andrés Longui es otro fotógrafo que aún no muere en el intento de seguir viviendo de la fotografía. El es licenciado en Ciencias de la Comunicación, con una segunda carrera en Psicología, y un Master en Artes Visuales, para el que fue becado en Nueva York. Con este currículo y todo el bagaje de conocimientos que lo respaldan, continúa buscando poner a flote su proyecto personal de hacer de Trípode (su empresa y sueño de toda la vida) una de las agencias fotográficas que vallan a la vanguardia. El comenta que para vivir del arte uno tiene que saber negociar muy bien su talento, siempre y cuando este sea tan bueno que le permita hacer una buena negociación. Quizá para vivir bien de la fotografía se necesite más que el sueño de ser fotógrafo, quizá más que solo relaciones, quizá aun más que solo el talento, quizá se necesite todo… junto con un poco de suerte.
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