N° 14 julio – diciembre 2024. E-ISSN: 2709 – 3689
Entrevista
Dossier: Gobernanza y gestión sostenible
Un referente ético de nuestra Amazonía: entrevista a José Manuyama Ahuite, activista ambiental e intercultural de la Amazonía
An ethical role model of our Amazon: Interview with José Manuyama Ahuite, environmental and intercultural activist from the Amazon
Zussel Mariella Guerra-Carreño a
a Fraternidad Laica Carlos de Foucauld de Lima, Perú
Cómo citar: Guerra-Carreño, Z. (2024). Un referente ético de nuestra Amazonía: entrevista a José Manuyama Ahuite, activista ambiental e intercultural de la Amazonía. Revista Kawsaypacha: Sociedad Y Medio Ambiente, (14), D-010. https://doi.org/10.18800/kawsaypacha.202402.D010 |
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Resumen: A partir de un problema ético detectado deberán surgir respuestas éticas adecuadas. El modelo extractivista exportador constituye uno de esos problemas éticos presentes en la Amazonía, que es contrarrestado con la praxis de personas cabales, referentes éticos que despiertan el pathos e interiorizan en sus entrañas el sufrimiento del territorio, de las comunidades, del planeta. Esas personas de a pie nos muestran otro camino posible, el camino de Jesús, basado en la misericordia y el cuidado, como criterio fundamental que define éticamente al ser humano.
Palabras clave: Amazonía. Ética. Valores. Cuidado. Misericordia. Defensa.
Abstract: From a detected ethical problem, appropriate ethical responses must arise. The extractive export model constitutes one of those ethical problems present in the Amazon, which is countered by the actions of upstanding individuals, ethical role models who awaken pathos and internalize the suffering of the land, the communities, and the planet. These everyday people show us another possible path—the path of Jesus, based on mercy and care, as the fundamental criterion that ethically defines the human being.
Keywords: Amazon. Ethics. Values. Care. Mercy. Defense.
«Incrementar el amor en el mundo José Manuyama
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Foto: Archivo fotográfico del CAAAP.
Somos ciudadanos de una aldea global, cuya sociedad está regida por el paradigma de la conquista. Nos ubicamos en el planeta sin saber quiénes somos y hacia dónde vamos, pero sí queriendo dominarlo todo. Y aunque no tomemos en cuenta o neguemos a Dios, vamos creando dioses en el poder, la acumulación y la riqueza.
En este mundo globalizado, neoliberal capitalista, ¿acaso es posible encontrar personas, fuera del ámbito religioso, que conciban el mundo de otra manera? ¿Que contrapongan al paradigma actual, el paradigma del cuidado, del que nos habla Leonardo Boff? ¿Que, como dice Jon Sobrino, representen al ser humano cabal?
Pues sí los hay, están en las bases —no en las altas esferas—, son nuestros vecinos que, desde abajo y junto con muchos otros, van «haciendo lío», como dice el Papa Francisco. Quieren cambiar de paradigma para humanizar nuestra sociedad y para hacer que nuestra casa común sea habitable no solo para nosotros, sino para las próximas generaciones que vendrán (si se lo permitimos).
Precisamente muchas de estas personas se encuentran en territorios que se están volviendo inhabitables debido a su destrucción, tal es el caso del ecosistema amazónico. Y es que uno de los problemas éticos más graves que amenaza desde hace muchos años a la Amazonía es el modelo extractivista exportador que, en vez de engendrar vida, engendra muerte.
Es por ello que decidí preguntar por alguna de estas personas cabales, con la finalidad de hacerle una entrevista. Y, como se dice, quien busca encuentra. Así que, al consultar a unos amigos, ambos coincidieron en un nombre que constituye un referente ético de nuestra querida y amenazada Amazonía.
Aunque actualmente no me encuentro en el territorio amazónico, sino en la capital de Lima, a mediados de abril de este año, gracias a la maravilla de las videollamadas, pude «alcanzar» a esta persona. Y, efectivamente, cuando lo entrevisté me di cuenta de que refleja lo que Jon Sobrino define como ser humano cabal:
El ser humano cabal es, pues, el que interioriza en sus entrañas el sufrimiento ajeno —en el caso de la parábola, el sufrimiento injustamente infligido— de tal modo que ese sufrimiento interiorizado se hace parte de él y se convierte en principio interno, primero y último, de su actuación (1992, p. 34).
José Manuyama Ahuite es su nombre. Nació en Requena, una ciudad al sur de Loreto, uno de los departamentos que comprende la Amazonía de mi país, Perú. Luego se trasladó a la ciudad de Loreto con la finalidad de estudiar una carrera profesional en la Universidad Nacional de la Amazonía Peruana (UNAP), graduándose como profesor de Educación Secundaria en Ciencias Sociales. José lleva ya dos décadas enseñando en el Colegio Nacional Iquitos. Sin embargo, él reconoce que es más conocido como activista ambiental que como docente. Por ello le pregunté cómo así llegó a entrar en el activismo, qué fue lo que despertó en él ese deseo, y su respuesta es una actitud que varios están tomando ante lo que viene sucediendo en toda la Panamazonía con total impunidad, debido al modelo extractivo-exportador que está en el núcleo del proyecto colonizador:
La Amazonía siempre está bajo ataque de diversos modos, por las actividades económicas, por los gobiernos. Es difícil no saber alguna noticia nefasta en la que se la destruye, bajo proyectos que el propio Estado hace. Entonces, en ese contexto, junto a otros ciudadanos nos vemos obligados a responder, a organizarnos. Esa preocupación es la que nos lleva a participar de varias organizaciones y el Comité de Defensa del Agua en el que venimos ya militando varios años.
Como hijo de la Amazonía, José piensa en colectivo. Explica que defender el agua de los ríos no significa reducir la lucha solo a ello, sino que implica mucho más. En sus palabras: «cualquier preocupación que nos genera en el agua, en el bosque, en el territorio, en la cultura, es nuestra preocupación». La organización, de la que José es presidente, surgió defendiendo al río Nanay, que es el río que da el agua potable a Iquitos; por eso el grupo se llama Comité de Defensa del Agua, «pero no es solo el agua, es en realidad la Amazonía, es el ser humano, es el hombre amazónico», explica José. Este comité comparte valores como la diversidad y la interculturalidad. Desde este espacio, se va proponiendo un modo alternativo de convivencia, donde dialogar y trabajar con lo diferente, a partir de objetivos comunes, es una realidad.
José pertenece a la cultura kukama, pueblo originario que vive principalmente en el departamento de Loreto. Sobre su origen, dice simplemente que «es lo mejor» que tiene; a su vez, es lo que le permite hablar desde lo amazónico intrínsecamente. Tener claridad sobre nuestra propia identidad cultural, reconocerla, protegerla, es lo que permite crear las bases para movernos en base a principios y convicciones éticas que definirán lo que somos y hacemos. Desde la sabiduría de su propio pueblo ancestral, pienso que José puede hablar con «autoridad», porque la amenaza que se cierne en la Amazonía atenta no solo contra el territorio, sino que afecta a la propia identidad y cosmovisión kukama.
La preocupación de José por el pueblo y territorio amazónicos y su consecuente compromiso de cuidado y defensa de los ríos, brotan sin duda de las entrañas y el corazón propios, algo que Jon Sobrino llama el «principio-misericordia», definiéndolo como:
es una actitud fundamental ante el sufrimiento ajeno, en virtud de la cual se reacciona para erradicarlo, por la única razón de que existe tal sufrimiento y con la convicción de que, en esa reacción ante el no-deber-ser del sufrimiento ajeno, se juega, sin escapatoria posible, el propio ser (1992, p. 36).
José me cuenta que su compromiso social se despertó debido a un grave problema:
A finales del gobierno de Alan García se sacó un proyecto de ley que declaraba de interés nacional el trasvase de las aguas del río Marañón a la costa, lo cual, de acuerdo al Instituto de Investigaciones de la Amazonía Peruana [IIAP], ese proyecto alteraría la ecología del río Amazonas. Entonces, esa noticia hizo que muchos nos organizáramos en el Colectivo Amazonía, que fue el antecesor del Comité de Defensa del Agua, y empezamos a protestar. Al siguiente año, que entraba Ollanta Humala, felizmente hizo que se derogara esta ley, y esa fue la primera actividad ambiental amazónica en que participé y logramos
esta «victoria».
A partir de allí su compromiso social no paró, y junto con la comunidad lograron detener otras amenazas en la Amazonía:
Logramos desactivar, impedir que en el río Nanay haya actividad petrolera. Había un proyecto de dos lotes que, si no hubiéramos reaccionado, en este momento se estaría sacando petróleo. Creo que ha sido otro gran movimiento que logramos ahí, y que se va haciendo genérico, pero esa batalla también lo iniciamos nosotros. Luego, con grandes procesos de deforestación que hubo acá, también ayudamos a detener a que este proyecto sea un inmenso proyecto de deforestación; no hemos logrado sacar completamente a la empresa transnacional [que buscaba hacer sembríos de monocultivos de cacao y palma], pero sí a detener un proyecto de deforestación de más de 40 mil hectáreas de bosque.
Hoy en día, José y sus compañeros están luchando contra la minería ilegal en el río Nanay, el problema gravísimo principal que amenaza toda la Panamazonía. José la cataloga como una pandemia que se asocia a las otras devastaciones ambientales que hay en el planeta y que acelera el fin de la humanidad. Por ello insiste que esto debería ser un tema central en nuestra preocupación nacional. Lo dice porque, claramente, en el país las autoridades no toman en serio estas problemáticas, ya que —se sabe muy bien— detrás de esa indiferencia se esconden intereses económicos, pues la mafia también se encuentra enquistada en el Gobierno.
En esta resistencia y lucha actual, la comunidad está muy comprometida, y puedo darme cuenta del verdadero liderazgo que tiene José. Y él está convencido de la necesidad de un valor fundamental para que este esfuerzo tenga frutos:
Mira, nosotros tuvimos una marcha este año de mucha gente: 10 mil personas en las calles. Hay mucha gente que sabe del problema de la minería ilegal ahora, y está respondiendo. Sin embargo, se necesita mucho más, porque es el Estado corrupto quien no quiere hacer nada y seríamos muchas más las personas afectadas. Entonces, la población tiene que entender que el bien no cae por sí solo, el bien requiere de la unión de todos y ese detalle falta. Todos se preocupan, pero no entienden que para que las cosas se den, se arreglen, debemos estar en permanente movilización, solo así vamos a poder corregir las cosas.
Cuando José habla del grave problema amazónico que está haciendo sufrir al pueblo y al territorio, se nota que está movido por principios éticos. Laguna dice claramente: «La ética surge allí donde el sufrimiento del otro exige mi respuesta; allí donde se rompen la circunferencia y el cuadrado que establecen las fronteras de la moralidad previsible» (2020, p. 36). Y, al mismo tiempo, se nota que José está convencido de la causa que emprende, ya que en la raíz de todo esto hay valores éticos que se están vulnerando:
Acá los valores que están en juego son principalmente recuperar la cordura del ser humano, donde lo más importante es la dignidad humana. Sin ética, sin valores no se puede vivir. No se puede hacer dinero destruyendo, creo que ahí es un primer elemento. Un segundo elemento es que los bosques nos pueden dar mucho bienestar, pero si se lo sabe manejar. Lo que se necesita es hacer proyectos compatibles con el bosque, entonces podemos vivir bien y al mismo tiempo recuperar nuestra identidad amazónica que la historia nos ha hecho perder. Entonces, creo que estos elementos configuran la lucha por el agua, por el ser humano, por lo amazónico, por los pueblos originarios, contra el racismo, y también la lucha por democratizar al país. Todo eso está en juego.
Cuando se sale en defensa de la vida, los poderes fácticos no se quedan tranquilos y responden con violencia. Ser defensor ambiental en la Amazonía tiene consecuencias graves, porque se pone en riesgo la propia vida. José es consciente de todo ello:
Son varios compañeros que viven en el Nanay, aguas arriba, que vienen siendo amenazados, y estar en esta situación genera que diversas mafias estén atentas a lo que hagamos. Entonces, sí hay amenazas; y en otras partes es peor, hasta asesinatos. Eso viene por parte de traficantes de minería ilegal, traficantes de tierra, traficantes de madera, de todo tipo. Y hablo en general en toda la Amazonía. Y ya ni hablemos por narcotráfico, que es otro tema grande.
Mientras le preguntaba acerca del rol de su familia de cara a su compromiso social, me dijo algo que me dejó pensando, y pude darme cuenta de que esa expresión solo puede venir de alguien que ha asumido como suya la suerte de su comunidad, de su territorio, de nuestra casa común, la tierra, y por ello se la juega toda. Así, sobre su familia, me responde José con mucha serenidad y al mismo tiempo con fuerza:
Están allí, apoyándome y también con preocupación, porque siempre hay un temor, pero hemos intentado que, de la familia, sea principalmente yo el que esté involucrado, de tal manera que no todos seamos visibles. Siempre hay un riesgo, pero creo que el riesgo es mayor en no hacer nada, así que ahí vamos.
Creo que José y sus compañeros de lucha están construyendo una política del cuidado desde ese activismo ambiental tan comprometido, pues como dice Laguna: «La construcción de la política del cuidado surge como respuesta a la pregunta de Dios por la suerte de Abel: ¿dónde está tu hermano?» (2020, p. 17). Y en la Amazonía hay muchos Caínes que tienen que responder por el dolor de tantos Abeles. Por eso pregunté a José su opinión acerca de la necesidad de que los líderes se formen, por ejemplo, en el conocimiento de las leyes, ya que como dice el dicho: «hecha la ley, hecha la trampa», sigue habiendo tanto abuso a las poblaciones por el desconocimiento de leyes y derechos ganados. Me dijo que él, en lo personal, estudia todo el tiempo y eso le ha ayudado en el rol que tiene. Además, me dijo una gran verdad:
Es necesario que todos los líderes y no líderes tengan una formación, una cultura general amplia para poder comprender las cosas. Uno se puede especializar en algo, tampoco se puede especializar en todo, pero una formación básica ayuda a comprender los temas que en general están interrelacionados, tampoco vale una única especialización porque la vida está toda integrada, entonces hay que tener también una gran capacidad para poder moverse en este mundo que requiere conocimientos, ya que hay mucha maña negativa.
Luego me referí acerca de la importancia del estilo de vida de los pueblos originarios para nuestra sociedad actual. Nos hemos regido por conceptos occidentales, eurocéntricos, muy alejados del respeto y la interrelación con la naturaleza, creyéndonos el centro de la creación, haciéndonos dueños y señores de esta. Y, sin embargo, el pueblo amazónico es un referente del cuidado de la vida. José me dijo lo siguiente:
Acá mi vida amazónica me ayudó a descubrir o a darme cuenta de grandes conceptos que luego aparecen en la academia. Pero la necesidad de tener una propia interpretación de la vida, una interpretación amazónica, es algo fabuloso que lo hemos perdido. Decolonizar nuestra vida es un deber de nosotros los amazónicos, pero creo que también del mundo entero. Antes se enseñaba que la historia era lineal y que el mundo del progreso era el mundo superior de la evolución humana, hoy vemos que no es así, pues el mundo del progreso puede ser nuestra destrucción. El mundo amazónico sencillo, integral, amigable con el medioambiente, existió y existe hasta hoy, pero el hombre occidental va a destruir el planeta en unos 500 años. Entonces, esto pone al mundo amazónico como un referente y a los amazónicos con la necesidad de recuperar mucho de lo que se
está perdiendo.
Resistir, luchar, permanecer, insistir, correr riesgos, mantener la unidad, la solidaridad, la esperanza, son valores éticos que iban resonando a lo largo de la entrevista y que forman parte del paradigma del cuidado que en su propia cosmovisión lleva integrada la cultura amazónica. Pero el sistema capitalista neoliberal pone en peligro la vida en el planeta, la subsistencia de nuestra especie humana. Si bien es cierto que los logros alcanzados han tenido impacto, estos no son suficientes, y acerca de ello se refirió José:
En realidad, estamos perdiendo, el tiempo se acorta. Yo creo que no sabemos si vamos a poder convencer a todos, de jalar a todos en otra dirección, en un nuevo amanecer. Pero estamos en esa batalla, a veces las cosas son impredecibles, pueden cambiar y esperamos eso. Hasta que no sea tan claro el amanecer o tan claro el oscurecer, hay que seguir en la batalla, eso es la esperanza.
Escuchándolo hablar así, no dudé en preguntarle sobre sus valores éticos fundamentales, aquellos que lo mueven en esta lucha, aquellos que no estaría dispuesto a perder o canjear:
Es el sentido común, es la vida, es hacer lo que se tiene que hacer, eso es tan sencillo, tan práctico, pero a la vez tan incumplido. El mundo camina al revés, la falta de conocimiento, de lógica, todo impera, obscurece el raciocinio, de modo que se cometen verdaderas aberraciones a todo nivel: en la convivencia, en la relación con la naturaleza. Tenemos que recuperar la cordura.
Es increíble, José puede afirmar que eso es lo más sencillo porque, lógicamente, primero ha interiorizado el sufrimiento y ha reaccionado frente a él. Nos cuesta tanto, a la gran mayoría, generar ese proceso.
En nuestros pueblos originarios la comunidad es un valor fundamental para la vida misma. Escuchando a José puedo decir que su ética y su profecía se nutren por la existencia de una comunidad que lo va sosteniendo y fortaleciendo en sus valores. José lo afirma:
Nunca he estado solo, siempre he estado en conjunto con otras personas, otros compañeros, algunos ya no están y algunos son más visibles, uno es más visible que los demás, pero son muchos y hay más, por supuesto, muchos más que unos cuantos, pero el movimiento por la vida aún tiene que crecer. El Comité del Agua siempre ha estado integrado por jóvenes universitarios, por adolescentes también, algunos han terminado la universidad, están trabajando y ya no forman parte del movimiento, el Comité es un río que corre.
No podía terminar la entrevista sin pedirle un mensaje para todos los peruanos y peruanas, para todos los ciudadanos y ciudadanas del mundo, quienes aún no entendemos que lo que ocurre a la Amazonía nos afecta a todos y todas, e implica su defensa y protección.
La ignorancia es el problema del mundo en general y de nosotros también. El vivir con el conocimiento o creer que se vive con el conocimiento es una ilusión, es un sueño imaginado que todos conocemos, pero no es así, y menos en nuestro país donde hemos perdido el amor al saber, al conocimiento. En un mundo donde se obtiene todo de la nada y sin importar cómo, es un desafío educarnos. Y hoy, por ejemplo, se sabe que, si desaparecen los bosques amazónicos, desaparece el agua de la costa y de la sierra en el Perú; si desaparecen los bosques, desaparece un soporte fundamental del equilibrio climático mundial. Entonces, todo peruano, todo amazónico, todo el mundo debería colaborar para evitar la deforestación de los bosques, de los últimos bosques que quedan en el mundo, no solo el amazónico, esa tarea es una gran tarea, y que debe llevar a la conciencia de todos los peruanos. Todos a proteger los bosques porque el bosque es el caño del agua del Perú, ese es quizás el gran mensaje para todos, que nos unamos y, por ejemplo, deroguemos la Ley antiforestal que hoy el Congreso permitió y está vigente. Ya hay mucha gente que está organizándose para luchar para que se derogue esta ley. Ese es el camino.
Durante la entrevista, José no me habló del reconocimiento que recibió el año pasado —junto a otras 16 personas— por parte de la Fundación Lewis Pugh de Reino Unido, nombrándolo «Guerrero del río», por sus contribuciones a la lucha contra la contaminación y la depredación de los ecosistemas que se encuentran dentro y alrededor de los ríos a nivel mundial. Este detalle dice mucho de una ética que se funda en un valor importantísimo y muy poco vivenciado como es la humildad.
Gracias, José, por tu vida, la de tu familia, la de tus compañeros y compañeras de lucha. Gracias por proteger, cuidar y defender la Amazonía, y con ella la vida misma que no nos pertenece, porque nos ha sido prestada con la finalidad de generar más vida, no muerte, y una vida en abundancia, como lo desea Dios en su proyecto humanizador del Reino.
Referencias
Sobrino, J. (1992). El principio-misericordia, bajar de la cruz a los pueblos crucificados. Santander: Editorial Sal Terrae.
Laguna, J. (2020). Vulnerables, el cuidado como horizonte político, Cuadernillos CJ, 219. Barcelona, Editorial Cristianisme e Justicia.
Conflicto de Intereses |
Docente en Teología por la Universidad Centroamericana José Simeón Cañas (UCA), El Salvador; Bachiller en Biología por la Universidad Ricardo Palma, Perú. Actualmente se encuentra culminando la maestría en Teología Latinoamericana en la UCA. Se desempeña como predocente de Teología en la PUCP. Ha enseñado durante diez años educación religiosa ética y moral en colegios de Perú, Bolivia y El Salvador. Asimismo, lleva más de 20 años dedicada a la vida misionera al lado de comunidades indígenas de Perú, Bolivia y Ecuador; acompañando, además, a las comunidades eclesiales de base (CEBs) de sectores empobrecidos y campesinos de El Salvador. Su vocación misionera la vive desde la espiritualidad de Nazareth, formando parte de la Fraternidad laica Carlos de Foucauld de Lima. Correo: zguerra@pucp.edu.pe |
Revista Kawsaypacha: Sociedad y Medio Ambiente.
N° 14 julio – diciembre 2024. E-ISSN: 2709 – 3689
Cómo citar: Guerra-Carreño, Z. (2024). Un referente ético de nuestra Amazonía: entrevista a José Manuyama Ahuite, activista ambiental e intercultural de la Amazonía. Revista Kawsaypacha: Sociedad Y Medio Ambiente, (14), D-010. https://doi.org/10.18800/kawsaypacha.202402.D010 |
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