N° 17 enero – junio 2026.  E-ISSN: 2709 – 3689

 Ensayo académico

Reflexiones sobre Laudato si'

El cuidado del ambiente y la Iglesia católica
Environmental Care and the Catholic Church

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Descripción generada automáticamente José Álvarez Alonso a

a   Asociación Amanatari, Perú

 

Cómo citar: Álvarez Alonso, J. El cuidado del ambiente y la Iglesia católica. Revista Kawsaypacha: Sociedad Y Medio Ambiente, (17), L-001. https://doi.org/10.18800/kawsaypacha.202601.L001

 

Resumen: La Iglesia católica se ha involucrado en temas ambientales bastante recientemente, a partir del Concilio Vaticano II, que coincidió con el surgimiento del movimiento ambiental en los Estados Unidos y Europa. Aunque diversos padres de la Iglesia y teólogos tocaron a lo largo de la historia temas relativos al «cuidado» de la Creación, la preocupación por el ambiente estuvo bastante ausente de documentos doctrinales oficiales. El primer papa que mencionó en un documento oficial la crisis ambiental mundial fue Pablo VI, en su encíclica de 1971, Octogesima Adveniens; aunque fueron Juan Pablo II y, sobre todo, Francisco, los que abundaron sobre el tema, vinculando la crisis ecológica con la economía y con fenómenos como el consumismo y la crisis de valores a nivel global. Estos dos últimos papas desarrollaron conceptos novedosos como «ética ambiental católica», la «ecología integral» y los llamados «pecados contra la Creación». El papa Francisco es quien ha llevado el compromiso de la Iglesia con el cuidado del ambiente a un nuevo nivel, a través de encíclicas como Laudato si’ y Laudate Deum, entre otros documentos y multitud de mensajes y alocuciones, impulsando una efervescencia ambiental sin precedentes en grandes sectores de la comunidad católica. La Iglesia católica cumple actualmente un importante rol promoviendo la responsabilidad, la sostenibilidad ambiental y los valores del cuidado del ambiente en un mundo donde la desinformación y los intereses de grupos económicos contribuyen al negacionismo del cambio climático y a la descalificación de la crisis ambiental global.

 

Palabras clave: Crisis ambiental. Compromiso cristiano. Naturaleza. Creación. Papas. Comunidad católica.

 

Abstract: The Catholic Church has become involved in environmental issues relatively recently, beginning with the Second Vatican Council, which coincided with the rise of the environmental movement in the United States and Europe. Although various Church Fathers and theologians throughout history have addressed themes related to the "care" of Creation, concern for the environment has been largely absent from official doctrinal documents. The first pope to mention the global environmental crisis in an official document was Paul VI, in his 1971 encyclical Octogesima Adveniens, although it was John Paul II and, above all, Francis, who addressed the issue more, linking the ecological crisis to the economy and to phenomena such as consumerism and the global crisis of values. These last two popes developed innovative concepts such as «Catholic environmental ethics», «integral ecology», and the so-called «sins against Creation. » Pope Francis is the one who has taken the Church's commitment to environmental care to a new level, through encyclicals such as Laudato si and Laudate Deum, among other documents, and a multitude of messages and addresses, fostering an unprecedented environmental fervor among large sectors of the Catholic community. The Catholic Church currently plays an important role in promoting responsibility, environmental sustainability, and the values of environmental stewardship in a world where misinformation and the interests of economic groups contribute to climate change denial and the dismissal of the global environmental crisis.

 

Keywords: Environmental crisis. Christian commitment. Nature. Creation. Popes. Catholic community.

 

1.        Introducción

La Iglesia católica no se ha destacado particularmente, en sus documentos doctrinales anteriores a la segunda mitad del siglo XX, por su preocupación por la naturaleza, el planeta o los temas ambientales. Fui parte de una orden religiosa desde mi infancia, y estudié primero en dos seminarios menores y posteriormente realicé estudios de filosofía y teología en España, entre los años 1977 y 1981. No recuerdo haber escuchado o tratado nunca de forma expresa temas vinculados con el cuidado del ambiente, y menos temas como el cambio climático o la crisis ambiental mundial, que no estaban todavía en la agenda pública en España. Cabe hacer notar, sin embargo, que España estaba en ese tiempo un tanto a la zaga con respecto a otros países europeos, especialmente los nórdicos, en lo que respecta a la sensibilidad por los temas ecológicos y ambientales en general.

Hace unos veinte años, durante mi tiempo en la selva peruana, todavía comprobé personalmente el escaso interés de la comunidad educativa católica en los temas ambientales. Un ejemplo de esto es el caso del P. Gerardo Hanlon, cuyos títulos más orientados a temas tradicionales, como educación religiosa, Biblia y liturgia católica, habían tenido significativo éxito en los colegios católicos peruanos, mientras que su libro sobre ecología y fe cristiana (Hanlon & Álvarez, 2005) tuvo una demanda bastante más limitada. Por supuesto que, a raíz del Vaticano II y sus documentos y reformas, empezó a darse un cambio en el pensamiento, la liturgia, el relacionamiento de la Iglesia con el mundo… pero la visión sobre la naturaleza y el ambiente seguía siendo, en buena medida, la tradicional.

2.        Nacimiento de la conciencia ambiental

El pistoletazo de salida del movimiento ambiental en el mundo se considera que fue la publicación del libro Silent Spring (Primavera silenciosa), de Rachel Carson, a fines de 1962; obra que puso de relieve el grave impacto de pesticidas en ciertas especies de aves. Esta publicación y el debate que produjo en los Estados Unidos justo coincidió con la celebración del Concilio Vaticano II en 1959, convocado por el papa Juan XXIII y que recién culminó en 1965.

Tuvo que pasar una década para que los temas ambientales ingresasen por la puerta grande a la política mundial: la primera Conferencia de las Naciones Unidas sobre el Medio Ambiente se realizó en Estocolmo en 1972, y con ella la toma de conciencia de sectores de la opinión pública de la crisis ambiental mundial y la adopción de medidas por parte de algunos gobiernos. Recién en esa conferencia, por ejemplo, fue creado el Programa de las Naciones Unidas para el Medio Ambiente (PNUMA). Ese mismo año fue publicado el informe The Limits of the Growth (Meadows et al., 1972) (Los límites del crecimiento), encargado por el Club de Roma al Instituto de Tecnología de Massachusetts (MIT, por sus siglas en inglés), que mostró que, si se mantenían las tasas de crecimiento de la población, a la par que la explotación de los recursos naturales, la industrialización, la contaminación y la producción de alimentos, se alcanzarían los límites absolutos de crecimiento en la Tierra durante los siguientes cien años.

Pese a la ausencia formal de los temas ambientales en la doctrina y catequesis católicas, sí se debe mencionar que existen frecuentes menciones en los escritos de teólogos y padres de la Iglesia sobre la bondad intrínseca de la Creación como obra maestra del Creador y revelación de su gloria, mensajes que no necesariamente se traducían en normas éticas orientadas explícitamente al cuidado de dicha creación. Los postulados del neoplatonismo, y en cierta medida también del gnosticismo, sobre la preeminencia del mundo espiritual sobre el material, tuvieron gran influencia en la teología en los primeros siglos del cristianismo; ello se tradujo durante la Edad Media en un manifiesto menosprecio del mundo material, del cuerpo frente al alma o espíritu. La mayoría de los padres de la Iglesia y teólogos destacan la preeminencia del espíritu frente a la materia, que es considerada la más imperfecta y alejada del Dios Creador, al considerar a la naturaleza física (mundo de las cosas) como un aspecto inferior a la naturaleza espiritual (mundo de las ideas). De ahí a la explotación de la naturaleza solo hay un paso.

Algunos personajes, sin embargo, se destacaron en la Edad Media por su especial sensibilidad hacia la naturaleza: el más conocido es San Francisco de Asís, del que tomó su nombre el papa Jorge Bergoglio, justamente porque, según él mismo explicó, se identifica por esta especial sensibilidad hacia los pobres y marginados, y hacia la naturaleza, la obra de la Creación. San Francisco fue declarado en 1979 patrono de la ecología por el papa Juan Pablo II, aunque ya era considerado popularmente como el santo patrono de los animales, hacia los que expresó una especial sensibilidad, defendiendo su dignidad similar a la de los hombres. Su famoso «Cántico del hermano Sol» (o «Cántico de las criaturas») se ha convertido en un himno de los conservacionistas y los amantes de los animales. Por cierto: las primeras palabras de este cántico introducen y dan el nombre a la encíclica Laudato si’ del papa Francisco.

Otra figura que destaca es una abadesa alemana, elevada a los altares por el papa Benedicto XVI, que la declaró también doctora de la Iglesia y patrona de los ambientalistas, santa Hildegarda de Bingen, quien falleció en 1179, unos pocos años antes del nacimiento de san Francisco. Reconocida como una gran experta en plantas medicinales (¡todavía no se había desatado la locura de persecución de las supuestas brujas, muchas de ellas curanderas como santa Hildegarda!), entre otras diversas cualidades y habilidades, también predicó que Dios ama a la Tierra, «del mismo modo que un esposo ama a su esposa», y criticó a quienes dañaban la naturaleza.

3.        Los cristianos frente a la crisis ambiental

Con el surgimiento de los movimientos ambientales en la segunda mitad del siglo XX, cada vez más autores han cuestionado la supuesta falta de sensibilidad hacia la naturaleza de los cristianos. Por ejemplo, L. White Jr., en un artículo muy citado, publicado en la revista Science de 1967, afirma que en el antropocentrismo del cristianismo, «la religión más antropocéntrica que ha visto el mundo», y la subsecuente instrumentación de la naturaleza o, como él lo define, «la arrogancia cristiana ortodoxa hacia la naturaleza», puede ser encontrada la fuente ideológica de nuestra crisis ambiental actual. Según este y otros actores, el origen de esta doctrina cristiana sobre la creación, que asume que la función de la naturaleza es servir al hombre, al que Dios le da el control sobre la misma, está en el Génesis 1:28:

Y los bendijo Dios y les dijo: Sed fecundos y multiplicaos, y llenad la tierra y sojuzgadla; ejerced dominio sobre los peces del mar, sobre las aves del cielo y sobre todo ser viviente que se mueve sobre la tierra.

Este artículo ha despertado mucho interés no solo en los colectivos cristianos, sino en la comunidad académica, abriendo un espacio de investigación y debate sobre las implicaciones de las enseñanzas de la Biblia y la teología cristiana en general, y las actitudes hacia la naturaleza y el ambiente en general.

Una serie de autores (por ejemplo, Jenkins, 2009) han cuestionado posteriormente la tesis de White, argumentando, entre otras cosas, que la crisis ambiental no se restringe a los países de tradición cristiana, y que la influencia de la cosmología cristiana no necesariamente es la que ha impulsado las prácticas contra la naturaleza en los países predominantemente cristianos. Un compendio reciente, The Oxford Handbook of the Bible and Ecology, analiza en detalle las distintas posiciones sobre este tema. Un autor en particular, R. A. Simkins, que aborda a fondo este tema en el capítulo 19 («Actitudes hacia la naturaleza en la Biblia hebrea y el antiguo Cercano Oriente»), resume en tres dichas actitudes: un dominio sobre la naturaleza, una armonía con la naturaleza y una actitud de subyugación a la naturaleza (Simkins, 2022).

Por su parte, desde el flanco de instituciones académicas cristianas, una serie de autores han tratado también de mostrar el lado amigable con la naturaleza de la fe cristiana (por ejemplo, Pardee, 2013 y Mangililo, 2022).

4.        El cuidado de la naturaleza en la Iglesia actual

Los nuevos aires en la Iglesia católica que trajo consigo el Concilio Vaticano II (1959-1965), que iniciaron en cierto modo la apertura de la Iglesia a las preocupaciones y problemas del mundo moderno, a «las alegrías y las esperanzas, los dolores y las angustias» de todos los hombres (Gaudium et Spes, párr. 1), también despertaron una mayor preocupación por la naturaleza. En 1971, el papa Pablo VI fue el primero que expresamente mencionó en una encíclica la crisis ambiental mundial, indicando que, «debido a una explotación imprudente de la naturaleza, la humanidad corre el riesgo de destruirla y convertirse a su vez en víctima de esta degradación» (Octogesima Adveniens, párr. 21). Aunque hubo reacciones en la Iglesia contra esas «novedosas» preocupaciones mundanas —de los mismos que, por cierto, se opusieron a muchas de las reformas del Concilio Vaticano II—, fueron cada vez más numerosos los católicos, incluyendo teólogos, sacerdotes, monjas y otros agentes pastorales, los que se involucraron activamente en la lucha contra la destrucción de la naturaleza y participaron activamente en los movimientos ambientalistas.

El papa Juan Pablo II, gran aficionado al montañismo y a los deportes al aire libre, le dio un espaldarazo adicional a esta creciente preocupación por la naturaleza y por el cambio climático, esto último a raíz especialmente de la Convención Marco de las Naciones Unidas sobre el Cambio Climático en 1992. En su primera carta encíclica, Redemptor Hominis (1979), este papa hace alusión expresa a la crisis ambiental y el maltrato a la creación, y habla de la responsabilidad del hombre como «custodio inteligente y nombre» de
la naturaleza:

Parece que somos cada vez más conscientes del hecho de que la explotación de la tierra, del planeta sobre el cual vivimos, exige una planificación racional y honesta. Al mismo tiempo, tal explotación para fines no solamente industriales, sino también militares, el desarrollo de la técnica no controlado ni encuadrado en un plan a radio universal y auténticamente humanístico, llevan muchas veces consigo la amenaza del ambiente natural del hombre, lo enajenan en sus relaciones con la naturaleza y lo apartan de ella. El hombre parece, a veces, no percibir otros significados de su ambiente natural, sino solamente aquellos que sirven a los fines de un uso inmediato y consumo. En cambio era voluntad del Creador que el hombre se pusiera en contacto con la naturaleza como «dueño» y «custodio» inteligente y noble, y no como «explotador» y «destructor» sin ningún reparo (Redemptor Hominis, párr. 15).

Es precisamente esta ontología disyuntiva y enfoque utilitario que reduce la naturaleza o cosa que puede ser poseída y mercantilizada una de las bases de la actual crisis ecológica. Ese mismo año, el papa declaró a san Francisco de Asís como patrono de la ecología y los comprometidos con ella.

Juan Pablo II continuó, en subsiguientes documentos y alocuciones, haciendo mención a los problemas ambientales y a la responsabilidad cristiana para enfrentarlos. Por ejemplo, con ocasión del Día Mundial de la Paz de 1990, que se celebra cada primero de enero, el lema elegido fue «Paz con Dios Creador, paz con toda la creación». En el mensaje de ese día, el papa habló de la creciente devastación del mundo natural como un atentado contra la vida humana y un menosprecio hacia la creación de Dios, y reclamó mayores esfuerzos y compromisos de los países para mejorar «la gestión de los bienes de la Tierra», poniendo de relieve que los problemas ambientales afectan en particular a los más vulnerables, de ahí también la vinculación de ambiente con pobreza.

El involucramiento creciente del Vaticano en temas ambientales se vio reflejado en la participación de altos funcionarios eclesiásticos en eventos como la Cumbre de la Tierra o Cumbre de Río, en 1992, y en las subsiguientes conferencias de la ONU sobre cambio climático, entre otras. Incluso en el texto del nuevo Catecismo de la Iglesia católica, publicado en 1992, donde se incluyen por primera vez expresamente enseñanzas sobre el cuidado de la naturaleza y el ambiente.

La Cumbre de Río, que incentivó un crecimiento inusitado de los movimientos ambientales en los países del sur (en el hemisferio norte surgieron y crecieron en los años 60 y 70 del siglo pasado), también marcó el inicio de la conciencia ambiental y el compromiso cristiano por el cuidado de la naturaleza dentro de la Iglesia católica, impulsado por una serie de documentos doctrinales y alocuciones papales.

A raíz de la caída del comunismo en el este de Europa (proceso en el que el papa tuvo un rol muy activo, por cierto), y ante el auge del comercio mundial y el capitalismo con todas sus luces y sombras, Juan Pablo II publicó en 1991 una nueva encíclica sobre justicia social y economía, coincidiendo con los cien años de la seminal encíclica de León XIII (Rerum Novarum), la que inauguró, por así decirlo, la doctrina social de la Iglesia católica.

En la encíclica Centesimus Annus, Juan Pablo II profundiza en los desafíos del nuevo orden mundial para los católicos, y pone énfasis en la urgencia de reforzar los valores éticos y las salvaguardias necesarias para que se garantice el bien común y el respeto a la naturaleza y el medioambiente. También da la voz de alarma sobre el auge del consumismo y la sobreexplotación de los recursos naturales:

En su afán de tener y disfrutar más que de ser y crecer, el hombre consume de forma excesiva y desordenada los recursos de la Tierra y su propia vida […] El hombre piensa que puede hacer un uso arbitrario de la Tierra, sometiéndola sin restricciones a su voluntad, como si no tuviera sus propios requisitos y un propósito previo dado por Dios... En lugar de desempeñar su papel de cooperador con Dios en la obra de la Creación, el hombre se coloca en lugar de Dios y así acaba provocando una rebelión por parte de la naturaleza (Centesimus Annus, párr. 37).

Esta encíclica también enuncia conceptos novedosos para la teología católica, como «ecología natural», «ecología humana» y «ecología social» (Centesimus Annus, párr. 38), conceptos todos que serán profundizados luego en el concepto de «ecología integral» por el papa Benedicto XVI y por el papa Francisco.

El nuevo Compendio de la Doctrina Social de la Iglesia, publicado por el Consejo para la Justicia y la Paz a pedido de Juan Pablo II, también aborda en diversos capítulos «la salvaguarda del ambiente natural», y dedica un capítulo completo, el X, al tema del cuidado del ambiente, en el que, citando diversos textos bíblicos y de la doctrina de la Iglesia, exhorta a los cristianos a una actitud de respeto hacia la creación de Dios y el ambiente, que califica como «un don de Dios», resaltando «la necesaria actitud de respeto por todas las criaturas vivas», que también son consideradas un don de Dios.

Tanto Juan Pablo II como Benedicto XVI pusieron énfasis en sus respectivos papados en la «ética ambiental católica», que abarca no solo la vida y la dignidad humanas, sino todo lo concerniente al respeto por la naturaleza y el ambiente como obra del Creador, poniendo de relieve en diversos documentos y alocuciones cómo esta ética ambiental se inserta en la doctrina social de la Iglesia (Mizzoni, 2014).

5.        El papa Francisco y la ecología integral

El papado de Francisco ha sido el que más ha hecho, con diferencia, por comprometer a la Iglesia católica y a sus millones de fieles en la cruzada por salvar al planeta de la crisis ecológica. Su papado también se ha caracterizado por un renovado énfasis en apoyar la causa de los sectores más pobres y marginados de la sociedad, a la par con el compromiso ambiental, teniendo en cuenta que estos sectores son justamente los más afectados por la crisis ambiental.

La publicación de la encíclica Laudato si’ (2015), sin duda, ha sido el evento que más ha influido en la actual efervescencia «ecológica» en todas las instituciones, organizaciones religiosas, parroquias y actividades pastorales de la Iglesia católica. El mensaje del papa Francisco sobre el cuidado de la «casa común» y sobre la interdependencia de todas las criaturas de la Creación, y su llamado a enfrentar desde la fe la crisis ambiental global, planteado primero en la carta encíclica Laudato si’ y luego reiterado en multitud de mensajes, documentos y reuniones con otros líderes religiosos, hasta la más reciente encíclica Laudate Deum (2023), ha calado fuerte en la comunidad de 1200 millones de católicos, así como en otras comunidades religiosas.

Laudato si’ rompe el esquema tradicional de la doctrina social de la Iglesia, la que siempre estuvo centrada en la cuestión propia y estrictamente social, para abrirse al nuevo campo de la ecología y los temas ambientales, incluyendo el cambio climático y la conservación del planeta Tierra, la «casa común». El papa llega a hablar por primera vez de pecados contra la Creación, contra la ecología. Esto es novedoso en la doctrina católica, dado el antropocentrismo predominante en las enseñanzas de la Iglesia, que viene desde la Biblia; como se ha indicado más arriba, el Génesis dice expresamente que la Creación está al servicio del hombre y debe someterse a un mal entendido dominio.

La preocupación manifiesta del papa por los temas ambientales, y en especial por el cambio climático, no ha estado exenta de polémica. Sectores ultraconservadores, para quienes la fe se debe restringir al campo de lo «espiritual», a los templos y a las sacristías (que se dice vulgarmente), orquestaron por años una campaña feroz contra el papa Francisco, al que acusaban de «socavar la fe católica» y calificaban de comunista o como el Anticristo. Estos sectores ultraconservadores, que no cuestionaron a anteriores papas, como Juan Pablo II, o a muchos obispos por involucrarse en actividades anticomunistas claramente políticas, proclamaron y proclaman una fe aséptica, desvinculada de los problemas mundanos. No sorpresivamente, estos sectores también se declaran escépticos del cambio climático, minimizan la crisis climática y los riesgos que implica para el futuro de la humanidad; y, por descontado, están entre los que se oponen a las reformas del Concilio Vaticano II y defienden el «sedevacantismo», la tesis de que la sede apostólica de Roma está vacante desde el episcopado de Pío XII (el último papa anterior a las reformas del Concilio Vaticano II).

Otros sectores, sin embargo, valoran de distinta forma esta preocupación del Vaticano sobre la crisis climática, y lo ven como un compromiso de llevar las voces de las comunidades pobres y marginadas al escenario global para «promover su inclusión en las negociaciones sobre justicia climática» (Wambui, 2021).

La influencia de la encíclica Laudato si’ —y otros documentos vaticanos— no se ha restringido a la Iglesia católica: es actualmente el texto católico más citado en las revistas más importantes del mundo, y no solo en temas teológicos, sino científicos, sociales y económicos (Molina & Pérez-Garrido, 2022). De hecho, esta encíclica se dirige no solo a los católicos, sino «a todos los hombres y mujeres de buena voluntad», porque la crisis ambiental global es un problema que afecta a todos, y todos estamos llamados a intervenir. Iniciativas como la Iniciativa Interreligiosa por los Bosques Tropicales (IRI), que agrupa a diversas denominaciones religiosas en Perú y otros países, incluyendo cristianas y no cristianas, se originaron justamente a raíz del impulso que el papa Francisco les dio a los temas ambientales en el Vaticano.

Aunque la teología protestante, como se sabe, no se caracterizó tradicionalmente por un énfasis en la salvación por «las (buenas) obras», sino en la «justificación por la fe», hoy es común escuchar a pastores de algunas de las iglesias protestantes más «institucionales» citar a esta encíclica y otros documentos papales, y participar en encuentros y movimientos ambientales en todo el mundo. Varias de estas iglesias participan, por ejemplo, en la IRI, citada más arriba. Más raro es encontrar a pastores y fieles de las iglesias más milenaristas o escatológicas (las de la rama pentecostal, especialmente) involucrados en temas socioambientales, dado el enfoque intimista, espiritualista e individualista de la fe que predican y practican.

El papa Francisco no desaprovechó oportunidad o efeméride (como el Día de la Tierra del año 2024) para enviar mensajes a los fieles católicos, sea en sus alocuciones semanales desde el Vaticano o en redes sociales, donde estuvo muy activo, alertando sobre los peligros de la crisis ambiental mundial, advirtiendo que el mundo «se está dirigiendo a la ruina». Los sectores que califican de alarmistas estos mensajes deberían recordar que no son exclusivos de este papa. Por ejemplo, el papa Juan Pablo II, el 17 de enero de 2001, declaró lo siguiente: «Por lo tanto, debemos alentar y apoyar la “conversión ecológica” que en las últimas décadas ha hecho a la humanidad más sensible a la catástrofe a la que se dirige». En la exhortación apostólica Laudate Deum (2023), el papa Francisco alertó de una forma más enérgica, si cabe, sobre la crisis climática global, cuestionando duramente los paradigmas modernos del crecimiento sin límites, el consumismo, el paradigma tecnocrático y las falencias de la política internacional.

6.        Acerca del cambio climático

Pese a los frecuentes mensajes y los diversos documentos en los que el papa Francisco ha expresado las preocupaciones de la Iglesia sobre el cambio climático y los problemas ambientales en general, no todos los católicos comparten esa visión, ya que con frecuencia son influenciados por las ideologías vinculadas con las posiciones políticas con las que se identifican, o son permeables a las bien financiadas campañas de los negacionistas, útiles servidores de la industria de los combustibles fósiles. Es conocida la tendencia negacionista del cambio climático entre los partidos y movimientos conservadores tanto en Europa como en los Estados Unidos, mientras que los partidos más al centro y a la izquierda sí lo consideran un problema serio e impulsan medidas para afrontarlo.

También hay diferencias de acuerdo a las creencias religiosas: por ejemplo, un estudio realizado en 2022 en los Estados Unidos, por Pew Research Center, mostró una enorme diferencia entre los cristianos respecto a la afirmación de que el cambio climático es un problema muy grave, dependiendo de si eran católicos (82%) o protestantes (25%) (Alper, 2022).

Sobre la posición de los católicos y los miembros de otras denominaciones cristianas acerca de las causas del calentamiento global, el mismo estudio muestra que hay una marcada diferencia respecto a la creencia de que el cambio climático es causado por la actividad humana (y no es un proceso natural), con un 32% de evangélicos y un 40% de protestantes[1], en comparación con un 54% de católicos (la diferencia se reparte entre quienes creen que se debe a causas naturales y los que creen que no hay evidencia científica de que la tierra se esté calentando). No me cabe duda de que la posición tan comprometida del papa Francisco y sus predecesores hacia el cambio climático ha influido en este posicionamiento de los fieles católicos. No sorprende, sin embargo, que el porcentaje de quienes creen que el cambio climático es causado por el ser humano sea de 90% entre los ateos y 78% entre los agnósticos.

En los países de Sudamérica, sin embargo, el escenario es diferente: citando datos del Latinobarómetro de 2017, basados en 13 472 entrevistados de 18 países de Hispanoamérica, Ecker et al. (2024) explican que los católicos tienden a creer menos en el cambio climático provocado por el hombre, en comparación con los evangélicos y seguidores de las iglesias tradicionales protestantes. Estos autores reconocen, sin embargo, que las declaraciones y documentos emitidos por el papa Francisco han contribuido a aminorar esas posiciones negacionistas del cambio climático entre los católicos: quienes expresan una mayor confianza en el papa y tienen una opinión más positiva del Vaticano también muestran un mayor apoyo a la afirmación del origen antropogénico del cambio climático.

Así como la preocupación por los temas ambientales llegó un poco más tarde a los países del Sur global, incluyendo Sudamérica, también parece que el mismo proceso se está produciendo en las comunidades de creyentes. En los últimos años se ha notado una tendencia en ese sentido más clara, y la preocupación por el desarrollo sostenible y la problemática ambiental está permeando de forma creciente a muchos de los movimientos religiosos. Por citar un ejemplo, el 18 de junio de 2024 ha tenido lugar la conferencia «Libertad Religiosa y Desarrollo Humano Integral: Una nueva plataforma global», cuyo objetivo fue «explorar marcos y estrategias innovadores para fomentar políticas y compromisos inclusivos y sensibles a la religión» (Atlantic Council, 2024).

7.        El papa León XIV y la encíclica Magnifica Humanitas

La reciente encíclica Magnifica Humanitas (MH, 2026) publicada por León XIV, centrada en la problemática de la inteligencia artificial (IA), aunque tiene un enfoque claramente antropocéntrico, hace referencia al tema ambiental en varios capítulos. Retoma el concepto de «ecología integral» desarrollado por el papa Francisco, que une la justicia hacia las personas con el cuidado de la creación (la «casa común») y la preocupación por la sostenibilidad y por la atención a las futuras generaciones (MH, párr. 84). También denuncia la «lenta aplicación de los compromisos ambientales» (MH, párr. 123) o las externalidades ambientales de algunos modelos de desarrollo que no respetan la casa común:

[…] no es verdadero progreso aquello que aumenta el bienestar de algunos degradando los ecosistemas, descargando costos sobre las comunidades más vulnerables o comprometiendo las condiciones de vida de quienes vendrán después de nosotros (MH, párr. 84).

Asimismo, alerta sobre algunos riesgos de la adopción acrítica de la IA, concretamente subestimando el impacto ambiental, el consumo de energía y otros recursos, así como las emisiones de CO2, y hace un llamado a desarrollar soluciones tecnológicas más eficientes:  

Los actuales sistemas de IA requieren grandes cantidades de energía y agua, inciden de manera significativa en las emisiones de anhídrido carbónico y consumen recursos de manera intensiva (MH, párr. 101).

8.        A manera de colofón

En un mundo cada vez más polarizado y con una población cada vez más desorientada (y, con frecuencia, desinformada) sobre temas tan relevantes como la crisis ambiental, alimentada por una sobreabundancia de información no verificada, tergiversada o falsa, los mensajes de una institución todavía respetada por cientos de millones de personas en el mundo (y no solo católicos), como es la Iglesia católica, sin duda pueden hacer una diferencia.

Algunos autores (por ejemplo, Christie et al., 2019; Beling, 2023) van más allá, al poner de relieve el rol que cumple la Iglesia católica en el mundo en temas ambientales: aunque su participación en el debate ambiental es relativamente tardía, si lo comparamos con otras organizaciones —debido al enorme impulso que le han dado al tema los últimos papas, en especial el papa Francisco—, la Iglesia está en una posición estratégica para influir decisivamente y jugar un rol relevante en la gobernanza mundial respecto del objetivo de la transición hacia la sostenibilidad ambiental. Beling, sin embargo, hace notar los riesgos de instrumentalización de este mensaje eclesial de «ecología integral» por intereses políticos y económicos, que ya han corrompido en buena medida conceptos como el de desarrollo sostenible.

Enfrentar la amenaza del cambio climático (la más grave amenaza actual para el futuro del planeta) requiere no solo de medidas concretas de control de emisiones de gases de efecto invernadero impulsadas por los Gobiernos, sino de cambios más estructurales en comportamientos y valores de toda la comunidad global, hacia modelos de desarrollo más sostenibles y solidarios entre países y con las futuras generaciones. Impulsar tales cambios requiere de la promoción de valores y marcos éticos, así como la búsqueda de «narrativas convincentes», algo en lo que las Iglesias, y especialmente la Iglesia católica, pueden ofrecer un significativo apoyo (Christie et al., 2019). Estos y otros autores hacen notar las grandes afinidades que hay entre los postulados y marcos teóricos del movimiento ambiental, así como los conceptos de la doctrina social de la Iglesia sobre los bienes comunes, y el marco de la ecología integral y la conversión ecológica que impulsó el papa Francisco. Será tarea de los católicos más comprometidos poner de relieve esas afinidades —en vez de resaltar las nimias diferencias que con frecuencia se llevan titulares y energías— para enfrentar la mayor amenaza que tiene ahora la humanidad.

Referencias

Alper, B. A. (2022). Religious groups’ views on climate change. How religion intersects with Americans’ views on the environment. Pew Research Center, Numbers, facts and trends shaping your world. https://www.pewresearch.org/religion/2022/11/17/religious-groups-views-on-climate-change/

Atlantic Council (18 de junio de 2024). Religious freedom and integral human development: A new global platform. https://www.atlanticcouncil.org/event/religious-freedom-and-integral-human-development-a-new-global-platform/?mkt_tok=NjU5LVdaWC0wNzUAAAGTjVJn1CT8sgq4aOgFJv2tPe6qC-cIQXG0jtzOwSM6zFgb7oTOq2UWUKac2wDtRWRvLeK1D-iNzX-MnCSgtBWFEjxUR3YNjBIw2W3aaivk09Ej

Beling, A. (2023). Ecological Crisis: An «Unusual Suspect» in Advancing the Transition to Sustainability? Religion and Development, 2, Issue 2023, pp. 103-125.

Carson, R. (1962). Silent spring. https://library.uniteddiversity.coop/More_Books_and_Reports/Silent_Spring-Rachel_Carson-1962.pdf

Christie, I.; Gunton, R. M. & Hejnowicz, A. P. (2019). Sustainability and the common good: Catholic Social Teaching and «Integral Ecology» as contributions to a framework of social values for sustainability transitions. Sustainability Science, 14, pp. 1343-1354. https://doi.org/10.1007/s11625-019-00691-y

Concilio Vaticano II (1965). Gaudium et Spes. https://www.vatican.va/archive/hist_councils/ii_vatican_council/documents/vat-ii_const_19651207_gaudium-et-spes_sp.html

Ecker, A.; Nüssel, F. Y. & Tosun, J. (2024). Pope Francis the Roman Catholic Church and citizen attitudes towards climate change in Latin America. npj Clim. Action, 3(25). https://doi.org/10.1038/s44168-024-00109-1

Francisco (2015). Laudato si’. https://www.vatican.va/content/francesco/es/encyclicals/documents/papa-francesco_20150524_enciclica-laudato-si.html

Francisco (2023). Laudate Deum. https://www.vatican.va/content/francesco/es/apost_exhortations/documents/20231004-laudate-deum.html

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Agradecimientos

Este artículo contó con los valiosos aportes de monseñor Miguel Ángel Cadenas, obispo del Vicariato Apostólico de Iquitos, y del hermano agustino Víctor Lozano Roldán.

Declaración de uso de herramientas de IA

El autor declara que en la preparación del presente artículo no se han utilizado herramientas de Inteligencia Artificial (IA).

Declaración de posibles conflictos de intereses

El autor declara que no tiene conflicto de intereses.


José Álvarez Alonso

Biólogo por la Universidad Nacional de la Amazonía Peruana y Magíster en Ciencias por la Universidad Estatal de Louisiana, Estado Unidos. Ha trabajado en la Amazonía peruana por 28 años en investigación, conservación y manejo de la biodiversidad amazónica, así como en planificación y gestión participativa de áreas con comunidades amazónicas, y por 9 años como Director General de Diversidad Biológica en el MINAM. Desde inicios de 2023 trabaja en la asociación Amanatari en temas sobre conservación de bosques amazónicos y desarrollo comunitario.


Correo:  
pepealvarez58@gmail.com

Revista Kawsaypacha: Sociedad y Medio Ambiente.
N° 17 enero – junio 2026.  E-ISSN: 2709 – 3689

Cómo citar: Álvarez Alonso, J. El cuidado del ambiente y la Iglesia católica. Revista Kawsaypacha: Sociedad Y Medio Ambiente, (17), L-001. https://doi.org/10.18800/kawsaypacha.202601.L001

 

[1] Aunque los «evangélicos» y el «evangelismo» (evangelical, evangelism) son considerados una rama del protestantismo, se suele distinguir, entre los «protestantes» (protestant) propiamente dichos, a los pertenecientes a las iglesias más tradicionales surgidas de la reforma luterana del siglo XVI y a los «evangélicos» protestantes, los seguidores de las numerosas denominaciones surgidas sobre todo a partir del siglo XIX, especialmente en los Estados Unidos.