N° 17 enero – junio 2026. E-ISSN: 2709 – 3689
Artículo de investigación
Dossier: Cuerpos de agua. Perspectivas indígenas sobre territorios acuáticos y sus entidades
El gozo del agua o el cuidado de la Abuela Lago en Atitlán, Guatemala
The Joy of Water or Caring for Grandmother Lake in Atitlán, Guatemala
Gemma Celigueta Comerma a
Josué Chavajay Quiacain b
a Universidad de Barcelona, España
b Colectivo Comunidad Tz’unun Ya’, San Pedro La Laguna, Guatemala
| Cómo citar: Celigueta Comerma, G., & Chavajay Quiacain, J. El gozo del agua o el cuidado de la Abuela Lago en Atitlán, Guatemala. Revista Kawsaypacha: Sociedad Y Medio Ambiente, (17), D005. https://doi.org/10.18800/kawsaypacha.202601.D005 |
Resumen: Este artículo explora la relación espiritual, ecológica y política que los pueblos mayas tz’utujiles de San Pedro La Laguna mantienen con el lago Atitlán, al que consideran un ser vivo: Qatee Ya’ (nuestra madre lago). Esta relación se manifiesta en prácticas cotidianas, rituales y oníricas, y se traduce en acciones concretas de cuidado, como las realizadas por las «Guardianas del Lago», grupos de mujeres que limpian sus orillas. El texto analiza cómo esta representación maya desafía visiones tecnocráticas y extractivistas, proponiendo en su lugar una «cosmopolítica» que integra a la vez saberes ancestrales y científicos. Mediante la descripción etnográfica se muestra cómo el cuidado del lago se convierte tanto en una forma de defensa territorial como de resistencia cultural.
Palabras clave: Lago Atitlán. Pueblo Maya. Guatemala. Conflictos medioambientales. Cianobacteria. Cosmopolítica.
Abstract: This article explores the spiritual, ecological, and political relationship that the Tz'utujil Maya people of San Pedro La Laguna have with Lake Atitlán, which they consider to be a living being: Qatee Ya' (our mother lake). This relationship is manifested in daily practices, rituals, and dreams, and translates into concrete actions of care, such as those carried out by the “Guardians of the Lake,” groups of women who clean its shores. The text analyzes how this Mayan representation challenges technocratic and extractivist visions, proposing instead a “cosmopolitics” that integrates both ancestral and scientific knowledge. Through ethnographic description, it shows how caring for the lake becomes both a form of territorial defense and cultural resistance.
Keywords: Lake Atitlán. Mayan people. Guatemala. Environmental conflicts. Cyanobacteria. Cosmopolitics.
1. Introducción
Según el filósofo Daniel Matul (2023), la comprensión del universo es fundamental para la cultura maya. Pero a diferencia de la ciencia occidental, en su forma de comprensión entra en juego el espíritu. Es decir, una cosa es conocer científicamente la composición molecular del agua (H2O) y otra muy distinta comprender al vital elemento. Y para llegar a este tipo de comprensión es necesario entrar en relación con el agua. En palabras de Matul, es entonces cuando sentimos «un gozo, una alegría» que debemos devolverle con otro valor, como es el cuidado.
Al señalar la diferencia ontológica de una relación «completa» con el agua, así como los valores de respeto y cuidado asociados a este tipo de relación, Matul (2023) y otros autores mayas (García Ixmatá & López Ixcoy, 2025; Sac Coyoy, 2021; Saqilk’u’x Ajpwaq, 2022; Quemé Chay, 2025) concuerdan con lo que Castro et al. (2019) denominan «hidrología humanística». También resuenan con antropólogas como Verónica Strang (2014), quien nos recuerda cómo el avance científico y la secularización del agua en las sociedades occidentales —es decir, el rechazo de su poder espiritual y capacidad de agencia— la transformaron únicamente en H2O, convirtiéndola en un mero fluido a nuestro servicio. Se trata, por lo tanto, de un goce del agua bien diferente al explicado antes por Matul.
Del mismo modo, al considerar a ríos y lagos como seres vivos con agencia, estos autores también coinciden, aunque desde epistemologías distintas, con los actuales estudios multiespecie que aplican la agencia más allá de lo humano y la consideran como una propiedad relacional producto de asociaciones entre entidades humanas y no humanas (Durand & Sundberg, 2022). La misma antropología ha revisado lo que antes había etiquetado solamente como religiones animistas para interpretarlo ahora como modelos relacionales complejos entre humanos y no humanos, que reconocen la subjetividad de los segundos y que superan las premisas de objetivación y dominación de la naturaleza resultantes del naturalismo o la ciencia occidental (Descola, 2005; Arregui & Dabezies, 2022, p. 15). Para los autores citados —mayas o no— estas diferencias ontológicas no solo sirven para explicar mejor o de otra manera las actuales crisis ambientales, sino que —y esto es probablemente más importante— permiten «aperturas ontológicas»
(González-Abrisketa & Carro-Ripalda, 2016) que cuestionan la homogeneización impuesta por la modernidad y la colonialidad.
En este artículo proponemos adentrarnos etnográficamente en el gozo —que no goce o uso— del lago Atitlán de Guatemala, describiendo la experiencia de las Guardianas del Lago en su cuidado. Las Guardianas del Lago se componen de grupos de mujeres Aj tzutujilaa del municipio de San Pedro La Laguna, quienes quedan una vez al mes para limpiar sus orillas de algas y plásticos. Ellas tienen un trato casi cotidiano con Qatee ya’, «nuestra madre lago» en tz’utujil[1], a la que reconocen como dadora de vida y cuidadora de sus habitantes. En esta relación de cuidado mutuo, no exenta de contradicciones, es muy importante la comunicación, un diálogo con Qatee ya’, que puede mantenerse extraordinariamente en la vida onírica y ritual, pero también cotidianamente, cuando uno la visita para bañarse o lavar la ropa.
El texto también ahonda en la participación de las Guardianas, del colectivo Comunidad Tz’unun Ya’ (toponimia prehispánica tz’utujil de San Pedro La Laguna, que significa «colibrí de agua») y otros actores políticos en la defensa del lago. Una cosmopolítica (De la Cadena, 2020) que ha convertido a Qatee Ya’, esta actora más que humana, en el centro neurálgico de la discusión, las contradicciones y los conflictos de la arena política local y a veces también nacional e internacional (González, 2024). No obstante, como advierte Timothy May (2022, p. 12) en su artículo sobre el conflicto del megacolector de aguas residuales en Atitlán, es necesario limitar el riesgo que supone exagerar las diferencias ontológicas de las poblaciones indígenas, ya que podríamos perder de vista las asimetrías de poder que han dado forma a la articulación estratégica de esas mismas diferencias. No es fácil adoptar ambos puntos de vista a la vez. Si la ecología política considera que los conflictos medioambientales se deben más bien a la competencia por el acceso y el control de los territorios y sus recursos naturales entre actores con capacidades políticas diferentes (Bryant & Bailey, 1997), la ontología política ha criticado esta perspectiva acusándola de reducir todo lo que se considera naturaleza a una mera cuestión de recursos (Karlsson, 2018 en May, 2022) o por no tomarse en serio otras ontologías (Blaser, 2014).
Más fácil resulta articular ambas perspectivas etnográficamente. Primero, por la propia naturaleza contingente, contradictoria y estratégica de cualquier conflicto político, pero sobre todo porque la diversidad de actores en San Pedro nos obliga no solo a tomar en cuenta puntos de vista distintos, sino también a que estos dialoguen entre sí. En efecto, no relatan de la misma manera su relación y cuidado del lago un pescador, un empresario turístico, una lavandera, un lanchero, un pastor evangélico o un ajq’ij (guía espiritual maya). Sin embargo, «el lago nos unió y nos organizó», como dicen en San Pedro.
Lo que sorprende, justamente, es la capacidad de una organización como el colectivo Comunidad Tz’unun Ya’ para poner a dialogar —y sumar a la causa— puntos de vista muy diversos. Y para ello es necesario manejar y comprender lenguajes o formas de comunicación que también lo son. Desde luego, conocen el lenguaje onírico o ritual que permite la comunicación con Qatee Ya’, pero también el religioso de los evangélicos, a los que se moviliza citando pasajes apropiados de la Biblia, de la misma forma en que a una antropóloga se la convence hablándole de Bruno Latour (2021), a un biólogo de la eutrofización del lago o a un católico del Laudato Si del Papa Francisco (2015).
De igual forma, las Guardianas relacionan el cuidado de la Abuela Lago con quitar algas y plásticos de sus orillas para que esta pueda «respirar», pero también con oponerse a un megacolector de aguas residuales que amenazaba con privatizar el agua del lago, participar en una performance artística que denunció a la industria del plástico o negarse a la ocupación privada de las playas por parte de chalets y resorts turísticos. Los autores de este artículo buscan integrar etnográficamente diferentes puntos de vista para abordar el cuidado del lago desde varias perspectivas, tal como lo observamos en el terreno y tal como lo hemos dialogado entre nosotros.
En efecto, este texto es fruto de varios pactos etnográficos (Kopenawa & Albert, 2024). Primero, el de cada uno de los autores con las Guardianas del Lago; y segundo, el de los mismos autores entre sí. Como investigador social maya-tz’utujil, originario de San Pedro La Laguna, Josué Chavajay Quiacain combina su trabajo de investigación con el activismo político en las luchas de los pueblos indígenas de Guatemala. En este sentido, forma parte del colectivo ambientalista Comunidad Tz’unun Ya’, en el que también participan las Guardianas. Su investigación y reflexión académica proviene, por lo tanto, de una relación continuada e implicada con el lago y con el colectivo. Por su parte, Gemma Celigueta Comerma, originaria de Barcelona, es antropóloga social con una investigación de larga data entre los pueblos mayas de Guatemala. Para esta investigación en concreto, ha realizado tres estancias de trabajo de campo etnográfico en San Pedro La Laguna, en los meses de noviembre de 2023, 2024 y 2025. La propuesta de investigación sobre el cuidado del lago Atitlán fue presentada en asamblea y aprobada por las mismas Guardianas. Desde noviembre de 2023, ambos autores se han acompañado en proyectos mutuos. Esto significa que mantienen una conversación más o menos continuada, a menudo virtualmente y a veces en persona, sobre los temas que aquí nos ocupan. A vueltas entre la antropología militante (Scheper-Hugues, 1995) y la etnografía colaborativa (Katzer & Samprón, 2012), los autores han practicado ambas, no solo como metodología de investigación, sino también durante el proceso de escritura guiado por la negociación, el diálogo y el respeto.
2. Qatee Ya’ como ser vivo
Para comprender mejor el compromiso de las Guardianas del Lago con Qatee ya’ o la Abuela Lago, debemos comenzar esbozando una idea clave en el pensamiento maya-tz’utujil: la representación del lago como un ser vivo que puede —y debe, para el bien de todos— comunicarse y dialogar con las personas. La Madre o Abuela Lago está viva porque se mueve, respira y tiene k’u’x o corazón-esencia-espíritu (García Ixmatá & López Ixcoy, 2025; Hinojosa, 2002), localizado, según algunas fuentes, frente al Cerro de Oro (Petrich et al., 2018, p. 16). Y como todo ser vivo, Qatee Ya’ también puede enfermarse y morir. A veces, se enoja con las personas que no se comportan adecuadamente, llegando incluso a provocar muertes por ahogamiento[2]. Lejos de la conducta festiva y bulliciosa que muchos turistas asocian con estar en la playa, se valora una forma de estar sosegada, suave y respetuosa que busca complacer a la Abuela. «Madre agua, límpiame, disculpe, solo le vine a dejar mi suciedad…», así le dicen algunas personas en voz baja o en su pensamiento mientras toman un poco de agua con sus manos y la besan con el mismo respeto con el que se besan las manos de los ancianos.
Don Salvador Quiacain, miembro del colectivo Comunidad Tz’unun Ya’, exintegrante del Consejo de Ancianos y principal de la iglesia católica de la parroquia de San Pedro, recuerda cómo el agua entubada empezó a llegar a las casas de San Pedro en la década de 1960. Hasta entonces, las mujeres bajaban diariamente al lago, pedían permiso antes de entrar y limpiaban la superficie para llenar de agua clara sus tinajas. Hasta la llegada del agua corriente, la vida del pueblo estaba organizada alrededor del lago. Por ejemplo, había lugares más alejados, en donde se podía lavar la ropa y otros sitios especiales en donde recoger el agua para beber. Si alguien veía a los niños bañándose cerca del agua utilizada para el consumo, se informaba a padres y autoridades para que los regañaran. Don Salvador se lamenta de que la llegada del agua corriente a las casas fue también el inicio de la desconexión con Qatee Ya’, cuando los pedranos comenzaron a perder interés en el cuidado del lago. El agua entubada vino a reordenar tecnológica, legal, institucional y simbólicamente a la comunidad.
No obstante, aunque al principio el agua llegaba desde riachuelos y manantiales cercanos, el crecimiento de la población y del turismo, el mal estado de las tuberías o las sequías obligaron a mirar de nuevo hacia el lago. En la actualidad, la mayor parte del agua de San Pedro se succiona directamente de él. Y aunque buena parte de las viviendas tiene agua corriente, esta solo llega unas pocas horas, tres veces a la semana. Además, no todas las casas tienen pila de lavar y menos lavadora, así que muchas mujeres prefieren seguir limpiando la ropa de su familia, bañarse y lavar su largo pelo en las aguas de Atitlán: «Además nos gusta el lago, el lago está vivo, el chorro [de la ducha] está muerto», dice una de las Guardianas.
En efecto, muchas pedranas se bañan a menudo en el lago, casi siempre en la playa más cercana a su casa, la cual suelen cuidar con el mismo apego con que se cuida un jardín familiar. Allí tienen piedras de lavar que consideran propias y, a veces, palos y cuerdas donde tender la ropa. Antes de comenzar a lavar, limpian y acondicionan el lugar del baño para luego seguir con el lavado de la ropa y terminar con el de su pelo. Casi siempre en este orden (la última prenda que suelen lavar es la que llevan puesta) y de una forma fluida, sin cortes aparentes entre los distintos tipos de lavado; aunque hay un cierto gozo en el último baño, el del cuerpo y el del pelo, que suelen realizar en compañía de familiares y otras lavanderas.
No es nuestra intención romantizar la experiencia de cuidado de las lavanderas de Atitlán, quienes, por supuesto, no tienen por qué formar parte de ningún colectivo ecologista. De hecho, han sido —y continúan siendo— criticadas por utilizar jabones químicos en sus baños, arrancar algas potencialmente beneficiosas para los peces o dejar basura en las orillas. Del mismo modo, Qatee ya’ tampoco es siempre cuidadora y, como hemos visto, se puede enojar, con terribles consecuencias para los humanos. No obstante, resulta evidente la familiaridad que las lavanderas mantienen en su relación con Qatee Ya’. Una familiaridad que nace de la experiencia cotidiana y del agradecimiento hacia la Abuela Lago. Y es justamente de esa relación íntima y práctica de donde brota su primer gesto de cuidado, incluso antes de que cualquiera de ellas se identificara como Guardiana del Lago.
Más allá de esta relación cotidiana que muchas mujeres cultivan casi a diario, la comunicación con Qatee ya’ se activa especialmente durante los sueños. Es sobre todo en la vida onírica en donde podemos percibir la agencia de la Madre o Abuela Lago. Varias mujeres han soñado con una hermosa mujer de largos cabellos, a veces joven (madre), a veces anciana (abuela), que identifican como la dueña o cuidadora del lago. Por ejemplo, una Guardiana, líder de uno de los grupos, explicaba que hace unos años pensó en abandonar sus tareas de limpieza y liderazgo porque sentía que era un trabajo muy duro. A los tres días soñó con una hermosa mujer de largos cabellos que le preguntó: ¿Por qué te cansaste?, ¿por qué no quieres limpiar más? Y debajo de un árbol vio un manantial muy cristalino, en donde había peces, cangrejos y camarones encima de un rebozo. La mujer le dijo: Mira lo que están haciendo. Si tú ya no limpias, ellos se van a comer la ropa y van a morir. Por favor, ¿podrías sacar el rebozo? Y ella lo quitó. Por eso decidió que iba a seguir trabajando con su grupo de Guardianas, para ayudar a la Madre lago. La Guardiana cree que fue la Abuela, la gran cuidadora, quien le envió el sueño, porque sabe que ella también ama al lago.
Finalmente, también podemos apreciar la agencia de Qatee Ya’ en su capacidad de curación. Si sienten algún tipo de malestar, como gripe o dolor articular, los pedranos pueden ir al lago de madrugada, cuando hay pocos turistas, el agua está tibia, tranquila y se tiñe del dorado de los primeros rayos de sol. Y allí, mientras se bañan, oran y ruegan por su propia sanación. Poco importa si se es católico, evangélico o si se practica la espiritualidad maya, lo importante es buscar esa conexión sagrada con o a través del lago que, según una Guardiana, la puedes notar físicamente, en forma de calor y/o sensación de frescor. Si Qatee ya’ es capaz de curar algunas de nuestras enfermedades, ¿seremos nosotros capaces de curarla de los males que la amenazan?
3. La enfermedad de Qatee Ya’
En octubre de 2009, un enorme florecimiento de algas cianobacterianas (verdeazuladas) de olor nauseabundo se extendió rápidamente por la superficie del lago Atitlán. Según los científicos, los florecimientos (crecimiento masivo) son fruto de la contaminación (eutrofización) del lago, causada, sobre todo, por el exceso de nutrientes que provocan los fertilizantes[3] y las aguas residuales[4] de los municipios circundantes. Esto, sumado a la erosión de los suelos y al aumento de las temperaturas, sobrealimenta a las algas. Cuando ocurren los florecimientos, se genera un desequilibrio ecológico que se aprecia en el color, el olor y el sabor del agua. Además, algunas cianobacterias también pueden producir toxinas que son perjudiciales para la salud de todos los seres que habitan el lago, incluidos los humanos. Aunque hasta ahora los florecimientos han tenido una duración e intensidad limitada, también podrían darse en forma permanente, como ya ha ocurrido en el lago Amatitlán de Guatemala. En el lago Atitlán se han registrado florecimientos desde 2008 y su frecuencia ha ido aumentando desde entonces (AMSCLAE, 2022a).
El florecimiento de 2009 afectó a casi toda la superficie del lago, duró dos meses y devastó la economía turística y pesquera local. La contaminación del agua impidió a la gente bañarse y lavar la ropa en él. Lo peor fue su amenaza a la salud pública, ya que varios pueblos de la cuenca obtienen el agua corriente bombeándola directamente de Atitlán. Aunque anteriormente ya se habían detectado otros florecimientos, la magnitud del episodio creó alarma social y movilizó a la población y a las autoridades. Desde entonces han proliferado estudios, planes y proyectos nacionales e internacionales que buscan atajar y solventar dicho problema (AMSCLAE, 2022b). En agosto de 2015 se produjo otra gran floración que cubrió el 40% de su superficie (May, 2022, p. 27).
Según cuentan las Guardianas, fue en ese momento, en 2009, que se dieron cuenta de que Qatee Ya’ estaba realmente enferma. Esta ya había mostrado anteriormente signos de contaminación, como por ejemplo cuando el huracán Mitch (1998) reflotó montones de basura de las profundidades. Sin embargo, en 2009 se asustaron de verdad. El lago olía muy mal, como si se hubieran roto varios tubos de drenaje. Unos días antes, un señor había soñado con un gran monstruo que se bañaba en él y que solo desapareció cuando la población se unió para enfrentarlo. Se organizaron jornadas de limpieza. Católicos, evangélicos y practicantes de la espiritualidad maya se reunieron en sus orillas para celebrar misas, cultos y ceremonias. Se quemó pom (incienso ritual maya) en las orillas. Las mujeres lloraron y le cantaron canciones para que sanara, le pidieron perdón y le suplicaron que les diera otra oportunidad.
En palabras de una de estas mujeres:
Nosotros dijimos: Señor, por favor, discúlpanos. Si es por culpa de nosotras, por favor bendice al lago. Por favor, danos otra oportunidad para sanar el lago. Nosotras nos comprometemos contigo y con el lago de que ya no vamos a hacer mal. Vamos a limpiar hasta la muerte. Y empezamos a cantar para esperar la bendición. Y funcionó, porque al final se salvó.
En San Pedro, el florecimiento de la cianobacteria de 2009 se cuenta como una catástrofe, al mismo nivel que se cuenta sobre huracanes y terremotos. Las lavanderas están acostumbradas a quitar algas y plantas acuáticas como el pashte (Hydrilla verticillata), al que tratan como maleza que hay que controlar. Si no se hace, el viento lo acumula en la orilla y produce una especie de costra que afecta la belleza escénica, rompe el movimiento de las olas en la playa, retiene plásticos, da picazón, se pudre, huele mal y no deja respirar al lago[5]. Ellas lo sacan del agua, lo dejan secar y algunos hombres lo pueden reutilizar después como abono para el campo. Sin embargo, el florecimiento de la cianobacteria fue diferente. Una Guardiana comenta que cuando sacaban canastos de cianobacteria, parecía hígado de res tembloroso, sangre coagulada.
Múltiples son las causas de la enfermedad de Qatee ya, cuyos síntomas pueden apreciarse a simple vista. Además de las grandes floraciones de cianobacterias, sus orillas acumulan diversidad de desechos sólidos, entre los que abunda el plástico. Varios drenajes de poblaciones vecinas, como Panajachel, vierten directamente aguas residuales sin tratar, que huelen a alcantarilla rota, y los pescadores se quejan de la escasez de la pesca y la reducción de la biodiversidad. Al igual que don Salvador, las Guardianas también consideran que la causa principal ha sido el abandono de la cultura de los ancestros sobre el cuidado del lago. La llegada del agua entubada y los drenajes, pero también del plástico y los productos desechables, no solo marca el inicio de la desconexión con Qatee ya’, sino también su descuido. No solo ellas; organizaciones como el colectivo ambientalista Comunidad Tz’unun Ya’ consideran que es importante retomar prácticas ancestrales de cuidado acompañadas de otros conocimientos facilitados desde las ciencias. Este es un reto transontológico (Dussel, 1996) y transdisciplinar que requiere de la convergencia de diversos enfoques y ciencias (física, química, biología, hidrología, ingeniería hidráulica, arqueología, derecho, ciencias sociales, humanidades, ecología, ciencias ambientales y de la salud).
4. El «cuido contra el descuido» del lago. Las experiencias del colectivo Comunidad Tz’unun Ya’ y de las Guardianas del Lago
Desde 2009, algunas mujeres de San Pedro quedan mensualmente para limpiar el lago. Antes ya cuidaban del sector en el que se bañaban, y como muchos otros pedranos, participaban en las jornadas puntuales de limpieza que organizan distintas instituciones como iglesias, ONG o escuelas. Pero a partir de 2009 su compromiso fue mayor. En 2017, varios de estos grupos informales de lavanderas se integraron en el recién creado colectivo Comunidad Tz’unun Ya’ e iniciaron, en 2023, el movimiento conocido como «Guardianas del Lago», nombre que adoptaron del documental producido por Tz’unun Ya’ sobre su lucha[6].
En la breve historia de Guardianas del Lago, se puede apreciar la transformación política ocurrida desde su nacimiento como grupos informales de lavanderas hasta su constitución como guardianas y defensoras del medioambiente. En la actualidad, están implicadas en diversas respuestas locales y globales a la grave crisis ecológica que atraviesa Atitlán. Invocan su cargo de Guardianas para enfrentarse con autoridad a aquellos que dejan basura en la orilla o que extraen arena del lago para la construcción. También han luchado por mantener diez metros libres de orilla para el uso público, dialogando, o confrontando si es necesario, a los dueños de los negocios turísticos que se las han apropiado. De la misma manera, exigen que la municipalidad reconozca su cargo de cuidadoras y defensoras del lago y las apoye con materiales para la limpieza (guantes, sombreros para el sol, canastos y costales) o les facilite gratuitamente el camión de la basura. Algunas de ellas participan en instancias del gobierno local, como los Comités Comunitarios de Desarrollo (COCODES), o son lideresas del colectivo Comunidad Tz’unun Ya’. Esta última es la organización que se ha encargado de cohesionar los grupos informales de lavanderas hasta convertirlos en un único movimiento. Imparten y organizan talleres de formación política y educación ambiental para las Guardianas y fomentan su participación en otras actividades, como exposiciones, reuniones y conferencias.
Es difícil contar el número exacto de Guardianas, ya que este oscila en función del momento y la coyuntura. En la actualidad, son entre 150 y 200 mujeres, casi todas de San Pedro, congregadas en grupos encargados, cada uno de ellos, de la limpieza de una playa distinta, por lo general, aquella en la que suelen bañarse. Allí controlan el crecimiento del pashte y recogen en grandes costales los desechos que encuentran en las orillas. Cada grupo cuenta con una coordinadora diferente, quien se encarga de mantener la cohesión interna, comunicarse con las coordinadoras de los otros grupos, así como con los líderes de Tz’unun Ya’. Las coordinadoras también son las encargadas de convocar entre una y dos jornadas de limpieza al mes, dependiendo de las necesidades del momento y lugar.
El colectivo Comunidad Tz’unun Ya’ reunió en 2017 a los Consejos Comunales de Desarrollo (COCODES), el Consejo de Ancianos del pueblo y otros sectores del municipio con la intención de presentar una contrapropuesta al proyecto de la Asociación Amigos del Lago Atitlán (AALA) de construir un megacolector de aguas residuales para el lago. Desde entonces, Tz’unun Ya’ se ha destacado por promover soluciones endógenas a problemas ambientales que afectan especialmente al lago Atitlán. Además de su oposición al megacolector —del que hablaremos a continuación—, subrayamos, entre sus muchas acciones, el apoyo al acuerdo municipal 111-2016 que prohíbe el uso, en San Pedro, de bolsas plásticas, pajillas y duroport; o la organización, el 24 de octubre de 2022, de una performance crítica con la industria del plástico, llamada «La procesión de la basura», donde, simulando una procesión de Semana Santa, las Guardianas llevaron a Guatemala capital canastos llenos de basura que habían recogido en el lago y que tiraron frente a la puerta de la Cámara de Industria (Tz’unun Ya’ y pintores del Lago Atitlán, 2024). Con esta acción artística y política querían impugnar la lógica de la industria del plástico, que trata de invisibilizar su propia responsabilidad socioambiental en la cuenca de Atitlán, transfiriéndola a las comunidades bajo la argucia de que todo depende de los hábitos responsables de consumo y que son las propias comunidades las que destruyen el medioambiente. Fue también la industria del plástico la que trató de desactivar la iniciativa 111-2016, mediante acciones legales en la Corte de Constitucionalidad (González, 2022).
Así, legitimados en el cuidado maya de Qatee Ya’, pero también en teorías científicas y en el apoyo de personalidades reconocidas por sus aportes al ambientalismo[7], exigen responsabilidades a la industria del plástico, a la agroindustria o al gobierno local y nacional. Desde luego, por la contaminación del lago Atitlán, pero también por las contradicciones de un modelo capitalista que mejora la vida de algunos a cambio de perjudicar la de los demás, humanos y no humanos. En los últimos años, se han posicionado como actores importantes en la arena política guatemalteca con relación al tema del agua. Por ejemplo, han estado dialogando con el Ministerio de Educación para abordar la adaptación medioambiental de los currículos escolares desde el punto de vista de los pueblos indígenas y así «cambiar la idea de que el agua no tiene vida». También están participando, no sin dificultades, en los diálogos del Proceso Nacional Hacia una Ley de Aguas en Guatemala. Junto con otras organizaciones y autoridades indígenas, reivindican no solo la participación de los pueblos en su gestión, sino también en la inclusión de sus conocimientos, aquellos que hacen del agua un ser vivo con derechos (González, 2025).
4.1 Cosmopolítica de Qatee Ya’. El caso del megacolector de aguas residuales
Introducir a Qatee Ya’ como actora más que humana en la arena política nacional e internacional, es indisociable de la lucha de los pueblos indígenas de la cuenca para posicionarse como sus legítimos defensores frente a otras perspectivas y actores. Una lucha por la gestión de un territorio muy codiciado que ha estado tradicionalmente marcado por la desigualdad económica y la exclusión de los pueblos indígenas de los órganos de decisión. En este escenario, el colectivo Comunidad Tz’unun Ya’ elabora un discurso ambientalista indígena que contrarresta al de otros actores quienes, en nombre del ecologismo o de los conocimientos técnicos y científicos, buscan perpetuar prácticas coloniales de exclusión. A partir de la cultura local tz’utujil y del diálogo con teorías y conceptos como el ecologismo de los pobres[8] (Martínez Alier, 2021) o el territorio hidrosocial[9] de Boelens et al. (2016), contraargumentan estereotipos y prejuicios sobre las causas de la contaminación del lago, como por ejemplo que la principal culpable es la ignorancia y la incultura de los pueblos que lo habitan.
Este fue el caso del conflicto por el megacolector de aguas residuales (una de las causas de los florecimientos de cianobacteria) propuesto por la ONG medioambiental Asociación de Amigos del Lago Atitlán (AALA). Dicho conflicto es un ejemplo concreto de cómo en el lago convergen numerosos imaginarios, intereses y realidades que a veces confluyen y otras chocan entre sí. En este caso, Tz’unun Ya’ supo agruparlos y dividirlos en dos bandos opuestos. Aquellos que veían el lago como un recurso versus aquellos que lo veían como vida. Para los segundos, no se podía mejorar la calidad química o biológica de las aguas de Atitlán sin mejorar la calidad de vida de los habitantes de la cuenca. Ambas iban intrínsecamente unidas.
Brevemente, el proyecto del megacolector busca recolectar y exportar las aguas residuales de todos los pueblos de los alrededores fuera de la cuenca de Atitlán mediante un carísimo sistema de alcantarillado, cuyo financiamiento vendría principalmente del tratamiento y venta de estas aguas a la agroindustria del sur del país (May, 2022). Las comunidades indígenas se oponen a dicho proyecto por varias razones. Alegan exclusión en la toma de decisiones, riesgos sísmicos, y una visión reduccionista y tecnócrata de un problema ambiental mucho más complejo. Lo que más les preocupa es la dimensión extractivista del proyecto: la posible privatización del agua del lago en beneficio de intereses agroindustriales y oligárquicos. No ayuda el hecho de que muchos de los miembros de AALA vengan justamente de esas mismas familias oligarcas, aquellas que poseen chalets vacacionales en las orillas del lago. Aunque promovido desde AALA como la única solución científica y ecológica posible, el megacolector es percibido por el colectivo Comunidad Tz’unun Ya’ como una forma encubierta de extractivismo, disfrazado de discurso ambientalista (May, 2022).
5. Conclusión
Sería reduccionista considerar que el contra-relato ontológico de Tz’unun Ya’ es solo una estrategia para posicionarse nacional e internacionalmente frente a otros rivales políticos. Qatee Ya’, como ser/ente, desafía la realidad impuesta y proyecta otras realidades desde prácticas cotidianas, rituales y políticas, ejerciendo lo que podríamos considerar como una desobediencia ontológica. Pero también sería iluso considerar que los pedranos se relacionan con el lago igual que sus ancestros, que le siguen pidiendo permiso antes de entrar en sus aguas y que la introducción del agua corriente, las iglesias evangélicas o el turismo no les ha afectado en absoluto. De hecho, ellos mismos señalan alguno de estos cambios como el inicio del descuido —y la enfermedad— del lago.
Sin embargo, Qatee Ya’ les sigue uniendo, ya sea para enfrentarse a megaproyectos sospechosos de extractivismo o a la cianobacteria. Y haciendo esto provocan «aperturas», tanto políticas como ontológicas, en un país que les ha excluido de las instituciones gubernamentales de cuidado del lago Atitlán bajo argumentos como la falta de conocimientos técnicos y científicos. Desde luego que promoviendo a Qatee Ya’ defienden la soberanía tz’utujil del lago frente a otros actores (May, 2022), pero también la existencia de otras formas posibles y legítimas de relacionarse con él, o mejor deberíamos decir con ella, en femenino, tal como insisten las Guardianas. Lo que queremos enfatizar aquí es que, primero, la cosmopolítica siempre es pragmática y, segundo, que el hecho de que se adapte y se construya en función de la coyuntura no significa que sea inventada, que no exista o que esté ausente de contradicciones.
Para comprender la agonía de Qatee Ya’ es necesario atender a toda su complejidad: tanto a su dimensión espiritual como a las decisiones políticas, económicas y culturales que han contribuido a la situación actual. Del mismo modo, se requiere un diálogo transontológico y transdisciplinar orientado a explorar caminos de sanación. Nosotros mismos, como autores, iniciamos hace tres años una conversación cuyo resultado conjunto —este texto que ahora concluye— es mejor que cualquiera de los textos iniciales que cada uno imaginó por separado. En este sentido, el cuidado de la Abuela Lago puede entenderse como un proyecto de «futuro ancestral» (Krenak, 2025). Junto a las propuestas orientadas a reducir la contaminación derivada de fertilizantes químicos y plásticos, instalar biodigestores, organizar jornadas de limpieza o evaluar cuidadosamente los proyectos gubernamentales que pueden afectar a Atitlán, también se promueve la representación del lago como un ser femenino, vivo y sagrado con el que es necesario establecer relación.
Finalmente, si se pregunta a alguna de las Guardianas por qué se reúne una vez al mes con su grupo para limpiar las orillas de Atitlán, probablemente responda que lo hace por amor al lago, pero también por amor a sus hijos y nietos, para que puedan seguir gozando de Qatee Ya’, tal como la gozaron sus abuelos.
Referencias
AMSCLAE (enero de 2022a). Florecimiento de cianobacterias en el lago Atitlán (Boletín 3). Gobierno de Guatemala, Universidad del Valle de Guatemala. https://www.amsclae.gob.gt/wp-content/uploads/2022/01/boletinIII.pdf
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Financiamiento Proyecto CREALM. Ministerio de ciencia, innovación y Universidades de España (PID2021-127093NB-C21). 2022-2025. |
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Conceptualización, Metodología, Análisis formal, Investigación, Redacción y Revisión.
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Profesora agregada de Antropología Social en la Universidad de Barcelona. Miembro del grupo de investigación CINAF (Grupo de Investigación con Culturas Indígenas y Afrodescendientes) de la misma universidad.
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Investigador social maya tz’utujil de San Pedro La Laguna (Sololá, Guatemala). Activista del movimiento campesino, indígena y social de Guatemala. Ha trabajado como consultor en organismos nacionales e internacionales.
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Revista Kawsaypacha: Sociedad y Medio Ambiente.
N° 17 enero – junio 2026. E-ISSN: 2709 – 3689
| Cómo citar: Celigueta Comerma, G., & Chavajay Quiacain, J. El gozo del agua o el cuidado de la Abuela Lago en Atitlán, Guatemala. Revista Kawsaypacha: Sociedad Y Medio Ambiente, (17), D005. https://doi.org/10.18800/kawsaypacha.202601.D005 |
[1] Aunque Qatee ya’ significa literalmente «nuestra madre agua», en donde Qa es el determinante posesivo de la primera persona del plural de te’eej (madre), y ya’ es agua y/o lago, en este texto lo traduciremos más bien por «Abuela Lago», que es como suelen nombrarla las Guardianas en español. A veces se la llama también Qa ti’t ya’ (nuestra Abuela Lago) o Ati’t ya’ (Abuela Lago). En la década del noventa, el vocablo Atit ya' fue promovido por una ONG que buscaba incentivar el turismo en San Pedro y San Juan La Laguna. Desde esta organización, se reinterpretó la palabra náhuatl de Atitlán (junto al agua) como Atit ya (Abuela Lago), cuando en realidad el significado es distinto. Por otro lado, la palabra Qatee se ha encontrado en varios documentos antiguos. En todo caso, lo importante aquí es resaltar, sobre todo, la relación con este lago particular, que es el propio. Al lago Titicaca, por ejemplo, nunca se le llamaría así (Ja Ya Titicaca).
[2] Ahogarse en el lago Atitlán es un peligro muy real. Cada año se ahogan entre 15 y 20 personas. Según bomberos voluntarios de la capitanía lacustre de Atitlán, solo en 2022 se tuvo constancia de 16 muertes por ahogamiento en sus aguas (De León, 2023).
[3] Desde los años sesenta, los cultivos de la cuenca del lago han estado aplicando fertilizantes químicos. Durante la temporada de lluvias (mayo-octubre), los fertilizantes se filtran directamente al lago desde las parcelas agrícolas o a través de los ríos que allí desembocan (May, 2021, p. 327).
[4] Las localidades ribereñas, aumentadas por el turismo, producen grandes volúmenes de aguas residuales, una proporción significativa de las cuales fluye directamente al lago sin recibir ningún tratamiento. Algunas comunidades, como San Pedro, utilizan fosas sépticas, pero estas aguas negras también se filtran gradualmente hacia el lago. Aunque hay algunas plantas de tratamiento de aguas residuales en la cuenca, ninguna de ellas funciona a pleno rendimiento, ya que carecen de los recursos técnicos y financieros necesarios para ello (May, 2021, p. 328).
[5] También la Autoridad para el Manejo Sustentable de la Cuenca del Lago Atitlán y su Entorno (AMSCLAE, 2022c) considera que el crecimiento descontrolado del pashte supone inconvenientes para la recreación, la pesca y la navegación, y perjudica el desarrollo de otras especies acuáticas.
[6] El documental Guardianas del Lago (Morales Ferulli, 2023) ha sido premiado en el Festival Internacional de Cine y Ecología (CINECO) de Alicante en 2023 y en el Festival de Cine Indígena Indi-Fest de Barcelona en 2024.
[7] Por ejemplo, el teólogo de la liberación Leonardo Boff, quien les visitó en noviembre de 2023, o el físico Pedro Arrojo, relator especial de Naciones Unidas sobre los derechos humanos al agua potable y al saneamiento y premio Goldman 2003 de Medioambiente, que los visitó en octubre
de 2024.
[8] Movimiento global de justicia ecológica que surge de los conflictos ambientales locales en donde personas en situación de pobreza luchan contra intereses estatales o privados muy poderosos que amenazan sus vidas.
[9] «Espacios constituidos social, natural y políticamente que se (re)crean a través de las interacciones entre las prácticas humanas, los flujos de agua, las tecnologías hidráulicas, los elementos biofísicos, las estructuras socioeconómicas y las instituciones sociopolíticas»
(Boelens et al., 2016, p. 1).