El mejor remedio para un mal abogado podría ser... ¿otro abogado?
DOI:
https://doi.org/10.18800/iusetveritas.201901.012Parole chiave:
Patrocinio debido, abuso del proceso, corrupción, ética profesional del abogado, temeridad, mala feAbstract
En el presente trabajo, el autor concluye que todo abogado debería encontrarse obligado a denunciar ante el Colegio de Abogados respectivo o ante el juez los casos de abuso del proceso que perjudiquen a su cliente, para que se sancione al abogado que se encuentra detrás de estas prácticas. El autor parte del hecho que, si bien el juez y los Colegios de Abogados son los principales llamados a sancionar el abuso del proceso, el reconocimiento de esta obligación del abogado puede ayudar a la protección de los derechos del cliente y a la consolidación del Estado Constitucional de Derecho. Bajo esa óptica, el autor plantea que todo supuesto de abuso del proceso es perpetrado ya sea porque un abogado lo incitó o porque lo consintió; por esta razón, siempre estará detrás un (mal) abogado. Justamente, un “remedio” contra un abogado que incurra en estas prácticas consiste en reconocer la obligación de todo abogado de denunciar a sus (malos) colegas, en defensa de su cliente y del Estado Constitucional de Derecho.
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